Polarización y voto en blanco: ¿Cuándo SÍ y cuándo NO?

La democracia significa consensos, pero también debate, confrontación de las ideas y es un hecho que existe un despertar de las gentes para pensar y actuar frente al presente y el futuro de nuestra nación.

Opina - Política

2018-06-13

Polarización y voto en blanco: ¿Cuándo SÍ y cuándo NO?

En Política, con P mayúscula, como en todas las actividades humanas —y la Política es la más humana y noble del quehacer humano—, sucede que lo que es cierto y valedero en algún momento determinado y preciso, no necesariamente es cierto y correcto en otro momento y otras circunstancias.

En esta coyuntura histórica para nuestro país, la etapa que transcurrió hasta las elecciones de primera vuelta, el discurso imperante por parte de quienes pretendieron tomarse la franja del “centro”, fue el de señalar como “polarización” todo discurso que enfrentara de manera clara, pero también profunda y seria, los grandes males que nos aquejan como nación y que han sido expuestos profusamente en las intervenciones de plaza pública por Gustavo Petro y en el programa de la Colombia Humana.

En el curso de la campaña de segunda vuelta, el “centro”, ya representado casi que exclusivamente por Fajardo y, quién lo creyera, por Robledo, ahora se reclaman como los salvadores a posteriori de todos los males que va a sufrir la patria con un gobierno de centroizquierda y democrático-liberal como el que representa Petro y que por lo tanto, lo útil y “puro” es el voto en blanco.

Pero la verdad es que Colombia ha estado polarizada por más de dos siglos de historia republicana, pero ha sido una polarización encubierta, soslayada, invisibilizada por las castas hegemónicas, quienes llenaron de sangre todo el siglo XIX y principios de XX en múltiples guerras civiles y que también en los mediados del siglo pasado produjeron el periodo que conocemos como “La Violencia” y las nuevas violencias posteriores al Frente Nacional, e inclusive podríamos señalar a este como uno de los detonadores, a causa del dañado y punible ayuntamiento liberal-conservador, quienes decidieron excluir de la política y, por lo tanto de las posibilidades de ser gobierno, a las formaciones distintas al partido liberal y el partido conservador, contubernio que permanece hasta el momento, ya no como partidos, sino como coaliciones y empresas electorales desideologizadas que se montan para gobernar y robar.

Por estas razones, después de setenta años de su asesinato, permanece en el imaginario popular la figura enorme de Jorge Eliécer Gaitán, quien desafió el poder de las élites. Hoy aparece en el escenario Gustavo Petro con un discurso renovador, que nos conduciría hacia la modernidad, la ilustración y la convivencia respetuosa con la naturaleza; y además, firmemente anclado en la opción por los pobres de nuestra tradición y cultura judeo-cristiana y soportado en nuestros valores humanos más excelsos, como son Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán, que convocaron en su momento a construir entre todos una gran nación, más igualitaria, próspera y digna.

Y por supuesto, este discurso puede ser reducido perversamente a la connotación de polarizante, por cuanto mortifica el alma de quienes han abusado del poder para el usufructo de unos pocos. Por el contrario, es profundamente incluyente de amplias capas de la población, que por siempre han estado excluidas y olvidadas del desarrollo humano.

Ahora bien, desde Gaitán y más recientemente con el robo de las elecciones en 1970 a Rojas Pinilla, siempre las opciones presentadas para ser elegidas fueron entre representantes de las castas hegemónicas. Con el arribo de Gustavo Petro a disputar en segunda vuelta la Presidencia de la República con Iván Duque, representante de los sectores más retardatarios y de mentalidad medieval, extrañamente apoyados por la dirigencia liberal, es lógico que se perciba por algunos como polarización, por cuanto son dos propuestas completamente distintas y claramente diferenciadas en la pedagogía, las estrategias y el proyecto de nación y de gobierno.

Esto es bueno para la democracia, por cuanto educa a la ciudadanía, construye ciudadanos autónomos, convoca a la participación y estimula el pensamiento crítico de nuevas ciudadanías. La democracia significa consensos, pero también debate, confrontación de las ideas y es un hecho que existe un despertar de las gentes para pensar y actuar frente al presente y el futuro de nuestra nación.

El otro tema que enuncié es el del Voto en Blanco. Quiero ilustrarlo con la siguiente situación. Imaginémonos por un instante —por fortuna no fue así— que quienes estuvieran en segunda vuelta fueran Duque y Vargas Lleras: En este caso, quienes estamos por una Colombia libre de corrupción, más próspera, más incluyente, más laica y menos confesional, más dispuesta al goce de la libertad e igualdad, más democrática y participativa, más pacífica y conviviente con la naturaleza, entre otras muchas aspiraciones, el VOTO EN BLANCO hubiera significado una herramienta política para deslegitimizar y enfrentar desde la política, cualquiera de estas dos opciones, puesto que ambas son peores.

Pero ante la circunstancia de que quienes pasaran a segunda vuelta fueran los candidatos alternativos de la Colombia Humana de Petro, la Coalición Colombia de Fajardo, y De La Calle, él como persona y no su partido, la opción, a pesar de las diferencias entre estos tres sectores, pensando en Colombia y en la imperiosa necesidad de un cambio, era solo una y se trataba de volcarnos todos quienes pensamos un país distinto, al apoyo de cualquiera de estas tres opciones.

Fue Petro el elegido y el voto en blanco no es, bajo estas circunstancias, más que una excusa para validar vergonzantemente las maquinarias y poderes fácticos hegemónicos que nos han sumido en el atraso, la ignorancia y los abusos por más de dos siglos. Por fortuna, quienes agencian esta postura, han quedado reducidos a dos figuras públicas significativas, como son Fajardo, quien con desfachatez anunció su viaje a la “selva” del Pacífico a observar ballenas, cuando estas están presentes hasta Octubre; y Robledo, quien no ha cesado de fungir como el francotirador del voto en blanco, pero sin mayor audiencia, puesto que el voto en blanco ya no es significativo como opción por los votantes.

Lo que se constata es que la “inteligentzia” del país, con nombres muy relevantes y destacados, que uno jamás se los hubiera imaginado votando por la Colombia Humana de Gustavo Petro, hoy han dejado de lado prejuicios y vacilaciones para apoyar esta opción. Por solo nombrar algunos, son personajes ilustres de la talla de Rodrigo Uprimni, Salomón Kalmanovitz, María Jimena Duzán, Antonio Caballero, Juan Manuel Roca, William Ospina, Víctor Gaviria, entre muchos otros que se me escapan.

Y como si fuera poco, ha logrado concentrar la atención y apoyo de pensadores y humanistas de la talla de John Maxwell Coetzee, premio Nobel de literatura y activista contra el apartheid en Sudáfrica; el animalista Peter Singer; el economista Thomas Piketty; filósofos y teóricos de las concepciones más modernas sobre la democracia y las nuevas formaciones políticas, como Chantal Mouffe y Antonio Negri. Estos apoyos, tanto nacionales como internacionales son muy significativos, pues no corresponden a intereses personalistas, sino al análisis y el pensamiento crítico de personalidades que no están dispuestas, por formación intelectual e independencia política, a brindar apoyos a diestra y siniestra.

Por todas estas razones, millones de colombianas y colombianos, este domingo iremos a las urnas esperanzados y optimistas de que Colombia hoy es una nación que despierta del letargo y postración material y espiritual de siglos y, que en cabeza de la Colombia Humana de Gustavo Petro, el presente y futuro son promisorios.

 

Ilustración de Guillermo Figueroa

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Carlos Pérez Muriel
Analista de la Política, también de la política y de la "política"... .