La demagogia de un candidato cristiano a la Cámara en La W

Basándose en la mediocre defensa que hizo de su propuesta, uno se queda con la sensación de que esta iniciativa es solo un ejercicio de demagogia y populismo para ganar votos.

Opina - Sociedad

2018-02-11

La demagogia de un candidato cristiano a la Cámara en La W

El pasado 24 de enero en el programa Partida W (de W Radio), el tema del debate fue la propuesta de retirar a Colombia de la ONU, del candidato cristiano a la Cámara por el partido Opción Ciudadana, Esteban Ramírez. Los invitados fueron el mismo proponente y Juanita Goebertus, también candidata a la Cámara por la Alianza Verde.

A lo largo del programa, Ramírez se mostró confuso y se empeñó principalmente en criticar la Unesco, la cual calificó de “organismo al servicio de oscuros intereses económicos que busca la subversión cultural para cambiar el concepto de familia”. Fue incapaz de explicar si Colombia tendría que salir solamente de esa institución o si habría que dejar por completo las Naciones Unidas. Esto quedó en evidencia cuando un oyente le preguntó a qué estamento internacional tendría que acudir Colombia si ese hipotético retiro se diese. El candidato replicó que él pedía la salida solo de la Unesco. Al final, la pregunta quedó sin respuesta ya que Ramírez rápidamente se fue por las ramas, dejando claro que no tiene argumentos reales sobre los cuales sostener semejante propuesta.

En febrero de 2007, el fallecido historiador británico Tony Judt publicó un ensayo titulado ¿Está condenada la ONU? en The New York Review of Books. En dicho texto el autor reconocía que seis décadas después de su creación, es indudable que la ONU tiene problemas. No obstante, en ningún momento abordó el tema de la Unesco, ni de su pretendida agenda contra la familia tradicional, y menos aun de la influencia del “activismo homosexual que la ha cooptado”, como sentencia categóricamente Estaban Ramírez.

En cambio, el historiador inglés trata, entre otras cosas, los diferentes conflictos a lo largo y ancho del planeta (por ejemplo, en Bosnia, Ruanda, Darfur, Somalia, Camboya, Timor Oriental, Haití, Irak o Sierra Leona), en los que la ONU ha tenido que intervenir, sobre todo desde los años 90, unas veces eficazmente y otras sin grandes resultados (hoy el caso de Siria es uno de esos casos en los que la ONU no ha podido hacer mucho).

Judt se preguntaba quién es el interlocutor de la ONU en la práctica en estos conflictos. ¿El criminal jefe local? ¿El mismo régimen responsable de desencadenar la crisis? Sostenía que “en la era de la globalización, con el auge de las empresas multinacionales y otros agentes económicos que ni siquiera son Estados pero que los superan con mucho en riqueza e influencia, y cuando los peores abusos con frecuencia son obra de actores no estatales, las funciones centrales del Estado clásico se han independizado y no está claro quién se debe encargar de ellas y cómo. 3

En una época así, ¿cuál es el papel de las Naciones Unidas, una idea que, como su nombre lo indica, está enraizada en la era de los Estados-nación?”. A diferencia de Ramírez, Judt plantea verdaderas problemáticas sobre el funcionamiento y el papel de la ONU en el mundo; este historiador acota, además, que “muchas de esas misiones fracasaron y todas costaron mucho dinero. Pero son un aleccionador recuerdo de por qué necesitamos algún tipo de organización internacional”.

Si este intelectual aún viviera, seguramente se felicitaría del proceso de paz en Colombia, el cual, aunque no es para nada perfecto, ciertamente ha permitido disminuir el baño de sangre en el que nuestro país estaba inmerso desde hacía más de sesenta años.

Lo más curioso de este asunto es que otros actores importantes de la geopolítica mundial no han denunciado la supuesta agenda de la ONU para ensalzar “el enfoque de género, el homosexualismo, la sodomía y el eugenismo”. A manera de ejemplo, en España y Francia adoptaron el matrimonio entre parejas del mismo sexo después de acalorados debates y de manifestaciones multitudinarias; no obstante, nunca en estos país se cuestionó la Unesco como lo hace el señor Ramírez. Asimismo, la ortodoxa y autoritaria Rusia, que a menudo reprime violentamente manifestantes, opositores y miembros de minorías, tampoco se ha retirado de la Unesco. Por ende, países con políticas, historias e intereses diferentes, reconocen y apoyan el trabajo de la ONU a pesar de las reservas que puedan tener con respecto a algunos de sus programas e instituciones.

Esteban Ramírez sostuvo con ahínco y desdén que diferentes personas y organizaciones “rabiosamente” han hecho propuestas o defendido la comunidad LGBT en el mundo, y que la Unesco está siendo manoseada por ellas. No obstante, la estrategia de comunicación le salió mal porque, aunque algunos radioescuchas mostraron simpatía hacia sus ideas, muchos rechazaron sus posturas. En pocas palabras, la “rabiosa” estrategia del candidato jugó en su contra.

Tony Judt termina su ensayo de 2007 sentenciando que “en las próximas décadas vamos a afrontar desastres ‘naturales’, sequías, hambrunas, inundaciones, guerras por recursos, movimientos de población, crisis económicas, pandemias regionales a una escala completamente desconocida”. Once años después, lo menos que podemos reconocer es que no se equivocó. Afortunadamente, a pesar de sus numerosas imperfecciones, el proceso de paz colombiano es uno de los casos de éxito que se le pueden abonar a la ONU en esta última década. Así, no se puede más que estar de acuerdo con el historiador británico, quien sostenía que si no tuviéramos ya una organización como la ONU, probablemente no sabríamos cómo inventarla hoy. Pero, decía, la tenemos, y en años venideros nos consideraremos afortunados por haber heredado las decisiones de sus fundadores y su optimismo.

En resumidas cuentas, el candidato cristiano a la Cámara, Esteban Ramírez, se fue decididamente lanza en ristre contra la comunidad LGTBI, el gobierno y el acuerdo de paz apoyándose en una pretendida propuesta de política internacional que no es más que un caballo de Troya mediante el cual pretende defender sus posiciones ultraconservadoras.

Basándose en la mediocre defensa que hizo de su propuesta, uno se queda con la sensación de que esta iniciativa es solo un ejercicio de demagogia y populismo para ganar votos.

Como lo expresó la candidata Juanita Goebertus y como lo señalan analistas e intelectuales como Tony Judt, es válido criticar el funcionamiento de la ONU y de sus programas. Empero, son pocos los que se atreven a pedir su desaparición o a salir de ella. Como sea, el retiro de la ONU es un tema que se puede debatir, mas esa improbable iniciativa no puede servir de pretexto a ciertos candidatos para atacar a sus adversarios y el acuerdo de paz.

 

( 1 ) Comentario

  1. ReplyHumberto Fernández Ardila

    Un buen ejemplo para que los votantes colombianos piensen muy bien por quien van a votar, si por los demagogos y politiqueros de siempre o por verdaderos servidores publicos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Santiago Ospina García