Una fiesta muy brava

Opina - Sociedad

2017-01-26

Una fiesta muy brava

Es cínicamente paradójico que en un país donde su presidente sanciona una ley en contra del maltrato animal, la élite tenga, así como así, una temporada taurina, llene la plaza de toros y celebre la crueldad.

El domingo, día de toros en Bogotá, sólo pudimos presenciar violencia y más violencia; tan raro, si estamos en proceso de paz, y queremos que la justicia social, la igualdad y la reconciliación sean número uno para este año y lo que siga de aquí en adelante, porque la organización que más cometía crímenes y peleaba una guerra con el estado era la guerrilla de las FARC y con ella había que llegar a un acuerdo pacífico para que pararan toda esa violencia, porque los demás, nosotros, somos ciudadanos de bien.

Pero hay unos ciudadanos de bien que van a corridas de toros, a ver maltratar al animalito, a gritar ¡ole! ¡ole!, mientras el pobre libra una lucha en contra del movimiento adrede de la capa de brega del torero; aplauden el momento en el que las banderillas logran ser  clavadas en su lomo, y mientras se desangra y pierde estabilidad, llega la buena puntería del torero que le da la estocada final con la espada, y así, eufóricamente, los asistentes en tribuna, esos ciudadanos de bien, aplauden la cortada de oreja, que le da la salida por la puerta grande al torero.

¡Qué maravilla! ¡Qué dicha! ¡Qué fiestón! ¡Qué buena faena!

Tal vez algunos asistieron por la nostalgia que les generan las corridas de toros que en otras épocas en el país se celebraban como una fiesta única, de temporada, infaltable y llena de glamour por la ropa que llevaban los asistentes, por las botas llenas de buen licor y porque dizque eso hacía parte de nuestra cultura. ¡Ay, donde nuestros ancestros presenciaran tan cruel espectáculo, tan colonizador! ¿Qué pensarían de estos salvajes? Seguramente sería mucha la decepción.

Los otros, seguramente más jóvenes, asistieron solamente para tomarse la foto que subirían a sus redes sociales. ¡Y que venga el like!

La otra parte de esos ciudadanos de bien, estaba afuera de la plaza de toros, gritando, protestando, alzando enérgicamente sus pancartas, pidiendo respeto por los animales, reclamando al gobierno por el retroceso que se evidencia con la reactivación de las corridas de toros, un atentado a la cultura ciudadana por la que muchos han trabajado, pero lo más importante, recordando que en el país existe una ley contra el maltrato animal que el año pasado modificó el artículo 655 del código civil que dice que: “los animales recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial, el causado directa o indirectamente por los humanos”.

Pero, paradójicamente, dentro de esos pacíficos protestantes, aparecieron los violentos y groseros. Vi varios videos donde se mostraba cómo volvían la ciudad una porquería, como agredían a los asistentes a la plaza de toros, los empujaron, los atacaron verbalmente; a las encopetadas les halaron sus copetes y a los gorditos burgueses los empujaron contra sus esposas, situación que hizo quedar muy mal parados a los defensores de los animales, porque RCN y Caracol se dieron un banquete con esas reacciones y publicaron sin piedad generalizando la situación.

Para “calmar” los ánimos llegaron los héroes de la patria, que para mí son todas las fuerzas militares y armadas legales de este país, en este caso vestidos de ESMAD, a tirar gases lacrimógenos, a dispararles a los protestantes, a empujarlos, a violentarlos, etc., etc.

Fue, literalmente, una fiesta brava, porque todo el mundo estaba furioso, pero no es la forma, no podemos enfrentar cualquier tipo de violencia con más violencia, no podemos seguir atacando al otro por cómo piensa, más aún cuando es en defensa de los que no se pueden defender, en este caso el toro, que tristemente es criado solo para llevarlo al ruedo, y así los amantes de las corridas puedan argumentar tontamente que es un animal de 500 kilos contra un torero de 70 kilos que debe defenderse y que a eso se le llame arte y cultura. ¡Por favor! Con esos argumentos tan pobres no pueden sustentar su amor por tan asqueroso espectáculo, y mucho menos cuestionar a los protestantes porque comen o no comen carne.

Esperemos qué pasa este fin de semana en Medellín, cuando arranque la temporada taurina, aun existiendo una demanda por prevaricato en contra del gobernador Luis Pérez, hecha por Juan Guillermo Páramo, director en Colombia de la ONG AnimaNaturalis International, quien ya también convocó a protestas y movilizaciones cerca a la plaza de La Macarena, que espero sean pacíficas y no  repitan los disturbios y los errores del domingo pasado en la ciudad de Bogotá, ¡ah! Y que no aparezcan los típicos políticos populistas, que en realidad sólo quieren aprovechar estas manifestaciones para aparentar y hacer el respectivo proselitismo.

Los invito a leer la modificación del artículo 655 del código civil y si no están de acuerdo con las corridas de toros en el país, firmen virtualmente la petición a la corte constitucional para que prohíba el toreo en Colombia:

http://es.presidencia.gov.co/normativa/normativa/LEY%201774%20DEL%206%20DE%20ENERO%20DE%202016.pdf

https://www.change.org/p/cconstitucional-tumbenlascorridasya?recruiter=120070815&utm_source=share_petition&utm_medium=facebook&utm_campaign=autopublish&utm_term=des-lg-share_petition-no_msg

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Lina Díaz Toro