¡Que no se apague la esperanza!

Quienes han tenido el poder para sí mismos no son más que un selecto grupo, una pequeña élite que le tiene pavor a darles un espacio de participación democrática a las mayorías excluidas.

 

Opina - Conflicto

2017-12-04

¡Que no se apague la esperanza!

El acuerdo de Paz reconoce que una de las causas estructurales del conflicto es la brecha histórica entre el campo y la ciudad y  para empezar a recomponer las estructuras desiguales que profundizan la pobreza en el campo se eligieron 16 zonas en todo el país que tendrían mayor atención en el cumplimiento de los puntos del Acuerdo, entre ellos la Reforma Rural Integral; por tanto tuvieron mayor afectación por cuenta del conflicto armado, además de todas las dificultades de comunicación, servicios, calidad de vida y presencia de economías ilegales promotoras de más círculos de violencia que golpean el campo en Colombia.

En el Caribe, 15 municipios que componen la Zona “Sierra Nevada y Perijá”, además de la Zona de Montes de María, municipios del Departamento de Bolívar y otra de las zonas para municipios de Córdoba. Este año decidí recorrer muchos de los rincones de los municipios que conforman la subregión Sierra Nevada y Perijá, una de las zonas priorizadas por el acuerdo de PAZ entre el gobierno y las FARC. ¿Por qué? Una de las razones es que en el país está pasando algo que tal vez nunca más volvamos a vivir, algo que puede ser el punto de partida para la construcción de un país más equitativo y más digno para quienes padecieron el conflicto por más de medio siglo y la gente en las veredas y corregimientos de muchas de las zonas priorizadas por el Acuerdo no estaban ni enterados, lo que los hacía indiferentes con todo el “alboroto” que tenemos muchos con todo esto de la Paz.

Así las cosas, quienes son el centro de la implementación territorial del Acuerdo no saben qué es eso de implementación del Acuerdo o mejor, han escuchado de un tal acuerdo como lo peor que le pudo pasar al país. El reto junto con algunos amigos que decidimos irnos a las veredas a contarle a la gente lo que pasaba en la ciudad y cuál era el sentido de todo esto que algunos llamamos PAZ, pero que para muchos en lo rural no es más que un montón de patrañas, no era suplir la falta de comunicación del gobierno en lo rural, mucho menos ir a hablarles de las maravillas de un Acuerdo dando por sentado que todo era color rosa, la tarea era decirle a la gente que tenían una herramienta poderosa llamada Acuerdo de PAZ, para exigirle a ese gobierno que nunca ha mirado hacia el campo las reformas necesarias para salir de ese círculo vicioso de pobreza y olvido.

Y bien, poco a poco se fue regando la bola de que había algo, una información que no llegaba muy fácil a las veredas (como todo) pero que tenia que ver con ellos y el interés iba creciendo. La gente más golpeada por la guerra, paradójicamente y a pesar de todo es la más comprometida con sus causas, es la más esperanzada en un mejor futuro. A veces desde las ciudades intentan construir grandes discursos de cambio, el cambio está ahí en cada rincón olvidado de éste país real que pocos conocen, en personas que hacen de su vida un acto de valentía y heroísmo sin imaginarlo, esa es la esencia de la gente en la ruralidad y esa es la esencia que puede transformarnos.

Alrededor de un sancocho, se iniciaba una conversación sobre qué es y cómo queremos que sea éste pequeño lugar donde estamos sentados, debajo de un árbol, en la casa de la líder de la vereda, en la calle. Conversábamos sobre la Paz, sobre el Acuerdo y sus puntos, sobre la visión de cada uno de la realidad del país. También conversábamos sobre la guerra, un domingo, sentada en una silla de plástico, debajo de un árbol me contaba una mujer como habían matado a su hermano y a su papá, a lo que respondió alguien de lejos: “aquí cada familia tiene 3 muertos”. Entre tristeza y esperanza, había un tema que despertaba especial atención en la gente: Circunscripciones Especiales de Paz.

“¿Así que podemos tener un representante nuestro en el Congreso?”, la palabra nuestro nos afirma la ausencia de representatividad del sector rural, no sienten que haya un partido y/o una persona que encarne las necesidades de los campesinos y campesinas, mujeres y comunidades rurales. Allí empezaba a coger fuerza un sentimiento de ganas y esperanza, sentir que tenían por primera vez el poder en sus manos, enfrentarse al reto de juntar ese poder para ganar un espacio que nos ha sido negado por años, no solo al sector rural o en la periferia del país, incluso en el mismo centro. Quienes han tenido el poder y lo han para sí mismos no son más que un selecto grupo, una pequeña élite que le tiene pavor a darles un espacio de participación democrática a las mayorías excluidas.

Qué bonito es escuchar en cada vereda: “vamos a llegar al Congreso”, con una convicción inquebrantable, con el corazón y no solo con el deseo, sino con la certeza de algo tangible que después de mucho tiempo los hacia soñar, ésta vez con los pies en la tierra y conscientes de que ésta Circunscripción Especial, era una oportunidad especial, tenía que ser especial, por lo tanto impermeable a la politiquería.

Así conocí a Elvia, una mujer afro y victima con su asociación de mujeres, todas con mucha fuerza y ganas de construir un mejor país, Elvia me dijo: “Vamos a hacer un equipo con todos los que tengan voluntad y sentimientos nobles y yo mientras tanto me preparo porque quiero ser concejal”. Conocí a Rusbel, al Mono y a Gustavo, tres de un grupo de amigos de más de 10 campesinos de la Sierra, organizados, tienen una asociación de campesinos, persistentes y con muchos proyectos para sus veredas; en una charla de las muchas acompañados de una taza de café en Santa Marta, decía “el Mono”, un Guajiro con un sentido del humor como pocos: “Me alejé de la política, cansado, yo creo que ahora llegó el momento de volver, puede que nos equivoquemos, pero esto es especial”. Marcela, es una mujer víctima incansable, hablamos casi todos los días, es el dolor de cabeza del alcalde de su pueblo, una líder de esas que le canta la tabla al que sea, siempre dispuesta a denunciar las injusticias. Liliana, una mujer Afro con un corazón enorme, me dijo luego de la noticia de que el Congreso hundió el proyecto de Circunscripciones: Lo único que me mantiene de pie, es la Fe, Dios tiene cosas buenas para nosotros.

Dejamos la esperanza de muchos, en manos de un Congreso mezquino. Toda la clase política, Nacional, Regional y Local, le tiene miedo al poder social, a lo que pueda suceder si las mayorías golpeadas por una clase política que nos ha condenado a la pobreza, a la desigualdad y al olvido, unidos empezamos a tomar espacios de poder desde abajo. Ahora más que nunca, tenemos que seguir adelante con la esperanza de hacer de la política un ejercicio digno, transparente, democrático, para todas y todos.

 

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Maria José Navarro