Pillo buena gente

La lluvia es conveniente. Algunos la disfrutamos si permanecemos en casa, ojalá abrigados y en compañía. Otros más efusivos y raros, como Gene Kelly, prefieren cantar bajo la lluvia. Yo pertenezco al primer grupo.

Narra - Emociones

2018-03-28

Pillo buena gente

AVISO: Para una completa experiencia escuche, y si puede baile la siguiente canción: ‘pillo buena gente’ de Andy Montañez.

Con esta lluvia, con este frío, no he hecho sino anhelar volver a Cali. Por estos días se me ha vuelto común andar envuelto en chaquetones y esquivar chubascos entre zaguanes bogotanos mientras escucho Andy Montañez. Cuando llueve se camina con mitad de la mirada apuntando hacia el frente, mitad hacia al suelo. Se encorva un poco el cuerpo y las manos se esconden. La lluvia es conveniente. Algunos la disfrutamos si permanecemos en casa, ojalá abrigados y en compañía. Otros más efusivos y raros, como Gene Kelly, prefieren cantar bajo la lluvia. Yo pertenezco al primer grupo.

Quizá la última vez que fui feliz bajo la lluvia fue precisamente en Cali. No cantaba. Solo permanecía bajo el techo diminuto de una taquilla de una discoteca, fumaba un poco y me salvé de morir a tiros a manos de un pillo. Mientras fumaba llegaron al lugar unas diez personas, en dos camionetas vistosas. Eran tres hombres acompañados por varias damas, todos desaliñados y descuidados. Las mujeres lucían un maquillaje barato y uno de ellos ostentaba un revólver que apenas se sostenía de la culata del cinturón del hombre. El personaje avanzó hacia mí caminando en eses, hizo un compás de espera y me quitó el cigarrillo que yo cargaba en mis labios para ponérselo en su boca. Asalto a mano medio armada. Ofendido, herido en mi honor, y en un acto temerario y estúpido, le retiré ahora yo el cigarrillo al alborotador, ya no para ponérmelo en mi boca, sino para tirarlo al suelo y pisotearlo.

Ya entrados en gastos, y ambos ofendidos, como en una partida de ajedrez, el bruto decidió su siguiente movimiento y hacer lo más civilizado que se podía hacer en tal situación: mandarse la mano a la cintura para buscar su arma. Afortunadamente, de la borrachera no se acordaba que su pistola reposaba sobre su izquierda y no a su derecha, lo cual me permitió hacer la gran jugada maestra, y salvar mi vida de paso. Tomé mi cajetilla de cigarrillos, desenfundé uno de ellos y a medias se lo empotré en el hocico del bruto incivil. Mientras encendía el mechero le dije: ‘para el jefe siempre uno nuevo, nunca nada usado’. El sujeto, el pillo buena gente, me dio dos palmaditas en el pecho y así zanjé la controversia, salvé mi vida y fui feliz por última vez bajo la lluvia. Nunca había disfrutado tanto bailar como esa noche.

Tuvieron que pasar casi cuatro años para volver a estar otra vez bajo la lluvia, ya no esquivando matones, sino preocupaciones, estando en Bogotá y no en Cali. Volví a ser feliz otra vez, ahora escuchando un clásico de Andy Montañez: ‘pillo buena gente’. Ni encorvado ni con la mirada a medio andar, más bien erguido y con brío, me repito desde ese día, como quien redescubrió el sentido de su vida: no quiero ser nunca un pillo buena gente.

Y ese debería ser el mantra que rija a cualquiera que quiera hacer política. Y yo lo voy a adoptar como lema de vida. Y a lo mejor en muy poco tiempo me animo a lanzarme al ruedo de nuevo. Sin miedo alguno a perder, teniendo el horizonte más allá de un resultado electoral. Si el costo que debo asumir es ser llamado moralista iluso, pues es un costo muy bajo el que se asume entonces. Antes quiero volver a Cali, bailar un rato y ojalá no encontrarme con el personaje. Igual ya ni fumo.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

David Cancino Quintero
David Cancino Quintero. Nostálgico liberal de siglo XVIII e hincha del Club Deportivo Los Millonarios.