No es solo el petróleo

Venezuela tiene una millonada en reservas de “oro azul”, entre otros minerales.

Opina - Internacionales

2019-02-11

No es solo el petróleo

En el expósito libro “Las venas abiertas de América Latina”, se plantea una cruel realidad: América Latina tuvo la desgracia de ser rica.

Es, a todas luces, una paradoja pues cualquiera podría pensar que ser rico no tiene por qué significar una desgracia.

Pero, en tratándose de Estados y en un mundo dominado por potencias militares y poseedoras de empresas económicas transnacionales, ser propietario de alguna riqueza o poseer una situación geoestratégica importante, como por ejemplo hacer parte del patio trasero de un imperio, puede constituir una verdadera tragedia.

Los Estados Unidos de América se han comido el cuento de su destino manifiesto. Y en virtud de ese destino, han saqueado, mutilado, destrozado a todo el que ellos han querido. Así les ocurrió a diversos pueblos como los de Irak, Afganistán, Siria, Yemen, Libia.

En América Latina padecieron, llegado el momento, su ubicación geoestratégica los Estados de Grenada, República Dominicana, Guatemala y Panamá. Chile pagó de contado por su riqueza y su tímido intento de ser independiente. Y a Cuba le ha costado carísima su altivez y su carácter soberano.

Todos estos Estados en algún momento de sus infortunadas vidas estorbaron los designios del imperio norteamericano y sobre ellos cayó el enorme peso de su ira.

Como dice Marcos Roitman en un excelente análisis publicado en el periódico virtual español El Diario: “Desde el siglo XIX, no hay continente que se les resista. África, Asia, Europa y América Latina han sido objeto de la doctrina del destino manifiesto. Así, no han tenido remilgos en dirigir, subvencionar y patrocinar acciones desestabilizadoras cuando gobiernos electos les plantan cara declarándose soberanos”.

Ahora les toca el turno a nuestros hermanos venezolanos

Y es que resulta que, según la OPEP, Venezuela es el país con las mayores reservas probadas de crudo del planeta, con 296.501 millones de barriles en la llamada Faja Petrolífera del Orinoco, que  incluye los estados Anzoátegui, Monagas, Bolívar, Delta Amacuro, Guárico, Barinas y Apure.

Esta franja se halla organizada en cuatro bloques: Carabobo, Boyacá, Junín y Ayacucho donde labora una serie de empresas mixtas de capital público y privado nacional e internacional bajo la supervisión de la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP)  filial de PDVSA.

Pero el vecino país posee además otras riquezas minerales, incluidas las llamadas tierras raras, que le garantizarían la posibilidad de salir de su actual crisis económica, opción que en manera alguna está contemplada dentro de los planes del imperio norteamericano.

Dentro de este patrimonio natural se incluyen: diamantes, oro, coltán, hierro, níquel, bauxita, mármol, carbón, gratino, fosfatos, feldespatos y las tierra raras; pero también importantes vetas de Torio (Th), elemento químico radiactivo que es un combustible nuclear limpio. Y eso sin mencionar rubros tradicionales como el hierro, explotado y comercializado desde 1950.

Todas estas propiedades se encuentran en el llamado arco minero, una extensión de 111.843 kilómetros cuadrados donde abundan el oro, los diamantes de los cuales Venezuela es el sexto país en reservas del mundo así como el coltán, ubicado principalmente en la Sierra de Imataca; además de hierro y oro; bauxita, cobre y caolín.

Llama la atención, particularmente el coltán,  denominado “oro azul”, que es un material cuyo nombre resulta de la abreviatura de dos de sus componentes: columbita (col), útil en la fabricación de aleaciones especiales de dura resistencia, y tantalio (ta), fundamental en la elaboración de condensadores electrolíticos necesarios para el funcionamiento de los computadores portátiles y de los teléfonos celulares, aparatos de video, equipos de sonido, video juegos, GPS y televisores, entre otros.

Pues bien, las riquezas de “oro azul” venezolano estarían, atendiendo a una cifra muy conservadora, toda vez que fue calculada en 2011, por el orden de los 100 mil millones de dólares.

Paradójicamente, en un mundo regido por la gula imperialista, esa cantidad de riquezas minerales disponibles, más que un beneficio representan para su poseedor, una verdadera amenaza, como quiera que despierten los intereses de los poderosos.

Solo en el caso del oro, afirmó Víctor Cano, ministro de desarrollo minero y ecológico de Venezuela, se ha entregado a las arcas del Banco Central de Venezuela 17,5 toneladas de oro en poco menos de dos años.

Por si fuera poco, las estimaciones con las que cuenta el ministerio de minería indican que las reservas de oro venezolanas (unas 8.000 toneladas) podrían situar a esta nación como la segunda del planeta con mayor cantidad del mineral aurífero,

Las babas del monstruo imperialista chorrean pues, frente a este caudal de riquezas. Cómo es posible  – se pregunta- que un paisito tercermundista, mestizo, hispano parlante, pretenda disponer soberanamente de sus recursos. No faltaba más. Entonces se han puesto manos a la obra para despojarlo.

Ya se sabe por la historia que, como dice Marcos Roitman en el artículo citado,

“Allí donde surgen proyectos emancipadores en que confluyen antiimperialismo, democracia y socialismo, la respuesta de Estados Unidos siempre ha sido la misma: desestabilizar y hacer caer los gobiernos populares. Si en el siglo XX se trató de Guatemala, República Dominicana, Cuba, Chile o Nicaragua, hoy es Venezuela quien ocupa el centro del ataque.”

Desde hace más de 10 años, el imperio americano ha pretendido erosionar la soberanía venezolana. Primero con el comandante Chávez, más tarde con Nicolás Maduro.

En esas materias no ha habido fisuras, ni contradicciones entre los partidos, ni en los gobiernos gringos: desde el beodo Bush Jr. hasta el abusivo magnate actual, pasando por Barack Obama – el hipócrita premio nobel de la paz-, la aspiración norteamericana a despojar a los venezolanos de sus riquezas se ha constituido en un propósito nacional.

No le perdonan a nuestro pueblo hermano la audacia de haber tomado su destino en sus propias manos y ensayado gobiernos que implicaran una alternativa diferente al capitalismo rapaz, a las prácticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional.

Se propusieron hacer fracasar el experimento y para ello no han parado mientes, ni escatimado prácticas totalmente censurables e, incluso, ilegales desde el punto de vista del comercio internacional.

Y así, han aplicado diferentes estrategias para doblegar voluntades. A veces les ha bastado –dice Roitman-  con enviar cartas reclamando deudas.

Aunque con Chavez y Maduro “han ido más lejos, negando préstamos, obstaculizando exportaciones, cerrando el flujo de inversiones y presionando a países aliados. Asimismo, aplican de manera unilateral sanciones económicas, políticas, diplomáticas, sociales y culturales. Bloquean cuentas bancarias, paralizan importaciones y denuncian convenios bilaterales de cooperación. Igualmente, en complicidad con las oligarquías criollas y las empresas transnacionales, tratan de paralizar productivamente la economía del país en cuestión produciendo inflación, crisis, etc.”

Además de toda una serie de disposiciones simbólicas e ideológicas en los partes noticiosos y periodísticos, consistentes en la manipulación de los medios de comunicación que incluye la utilización, para referirse a los dignatarios del país abusado, de expresiones como narcotraficantes, terroristas, tiranos, dictadores. Prácticas todas estas orientadas a descalificar y deslegitimar los gobiernos que se les oponen.

Finalmente, en la actualidad los Estados Unidos, con la ayuda cómplice de algunos gobiernos borregos de la región, han venido a crear un presidentico virtual, una especie de holograma llamado Juan Guaidó, totalmente inepto e inexperto en las lides políticas administrativas, pero, por la misma razón, apto para hacer de él –al igual que del monigote colombiano- la marioneta  fácil de manejar, dócil a los designios de Donal Trump y que sea capaz de abrir la posibilidad de un rencauche de la podrida clase política que gobernó Venezuela durante los 40 años anteriores a la llegada del comandante Hugo Chavez.

La intervención militar está a la orden del día. Claro que el imperio primero va a intentar la operación Pinochet, consistente en tratar de sobornar y corromper a algún alto jerarca del ejército venezolano para que dé un golpe militar al presidente legítimo y luego ponga el poder en manos del monigote, con lo cual se evitarían la molestia de mandar tropas al vecino país.

Sin embargo, de fallarles esa vía, es seguro que sobrevenga la guerra y la sangre inocente en ambos lados de nuestras fronteras será el tributo que paguemos por nuestra inmovilidad y nuestra indolencia frente a la tragedia del vecino.

 

 

 

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Armando López Upegui
Historiador, Abogado, Docente universitario y Maestro en Ciencia política.