Millennials: mi generación fallida

En las sociedades, sobre todo en la nuestra, asumimos una actitud importaculista respecto a las capacidades y aportes que hacen quienes sí ponen en uso su inteligencia.

Opina - Sociedad

2018-05-31

Millennials: mi generación fallida

Si usted ya empezó a leer estas líneas y hace el intento de terminar hasta el punto final, le doy la bienvenida a no pertenecer a los “millennials”, ¡pues al menos lee! Tal vez se pregunte: ¿quiénes somos los millennials? Como bien lo determinaron los estudios generacionales, aquellos nacidos entre los años 1981 y 1995 somos denominados con dicho término o también nos dicen “Generación Y”.

Me es evidente concebir que a mi generación la han tildado de perezosa, egoísta y fallida; por mi parte, quisiera decir lo contrario, pero me quedo sin argumentos cuando en mi diario vivir observo tanta simpleza y dejadez de muchos.

Nos gustan las cosas fáciles, dependemos excesivamente de la felicidad por lo material, nos sumergimos en una cultura geek, pero para excusar lo ridículo que somos en las redes sociales, destacamos lo más narcisista de nuestra personalidad y soñamos con la fama, sin importar que el reconocimiento social y mediático nos lo ganemos por tener escasa lucidez. Como dicen algunos distinguidos de las redes sociales: “que hablen bien o que hablen mal, pero que hablen”.

Lo preocupante del caso de los millennials es que somos responsables de los asuntos políticos, la fuerza laboral y todo lo venidero de un país. ¿Con qué capacidades entonces podemos encargarnos de cosas así, cuando constantemente nos seduce el ocio y la diversión? No desconozco por completo que todos los de la “Generación Y” mantienen un estilo de vida despreocupado, pasivo y trivial, es destacable decir, que también hay brillantes en Colombia (aunque sean pocos) que realizan innovaciones y emprendimientos; por ejemplo: Felipe Betancur, un youtuber que ayuda ingeniosamente a las personas con discapacidad a crear artefactos tecnológicos.

Lo que me ha inquietado de todo este contraste entre innovadores y holgazanes con fachada de bohemia alternativa, es que, en las sociedades, sobre todo en la nuestra, asumimos una actitud importaculista respecto a las capacidades y aportes que hacen quienes sí ponen en uso su inteligencia.

La tendencia hacia una forma de vida de la juventud está adherida al individualismo y al reposo de la existencia, mientras las cosas pasan, mientras vendemos nuestras pasiones y convicciones a la enfermedad contagiosa del confort, o en el peor de los casos, dejando que sean otros quienes piensen y hagan por nosotros.

Sigamos entonces con la acidia mental nutrida por la literatura light; con la presunción de que llevamos una vida “cool” con fotografías absurdas en las redes sociales; y por qué no, con la preferencia ansiosa de estar huyendo despavoridos del aburrimiento. ¡Pues qué importa, somos jóvenes y lo seremos toda la vida!

 

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Imagen tomada de AccountingWEB

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Andrés Benoit Lourido
Comunicador Social y Periodista. Colaborador de prensa escrita en medios digitales independientes; musicómano, enrevesado, tirrioso de superficiales, obsesivo por la ortografía y tendente a decir lo que piensa y pasa.