Mermelada y clientelismo: una tradición política naturalizada

En toda esta artimaña simbiótica confluyen esferas económicas, políticas, sociales, mafiosas, y no comen cuento de ley, autoridad, o incluso presidencias, porque todas tres hacen parte del engranaje.

Opina - Corrupción

2019-03-14

Mermelada y clientelismo: una tradición política naturalizada

Pagar favores de campaña: ese es quizá uno de los objetivos primordiales de la gran mayoría de los políticos de turno en Colombia cuando se posicionan en sus respectivos cargos. Una embajada por aquí, una subsecretaría por allá, alguna asignación de labores sociales a instituciones de propietarios conocidos, una que otra licitación o contrato por megaconstrucciones a contratistas simpatizantes del partido político… El conteo es casi imponderable, las dimensiones y las cantidades que alcanzan este tipo de transacciones de poder son inimaginables.

Desde hace poco tiempo, relativamente, el clientelismo y la mermelada empezaron a ser un tema de debate nacional. En el Congreso las deliberaciones sobre el caso produjeron gritos y desenfrenos, abandonos, ofensas entre los diversos partidos.

La problemática, más que un debate de época preelectoral o de oposición, es una tradición política fundada desde hace décadas de décadas. Los canjes son variables, pero siempre propenden al mismo fin: poder y beneficio mutuo entre las partes que hacen el acuerdo. En toda esta artimaña simbiótica confluyen esferas económicas, políticas, sociales, mafiosas, y no comen cuento de ley, autoridad, o incluso presidencias, porque todas tres hacen parte del engranaje.

Imagínese ser presidente de un país como Colombia: usted tiene en su poder grandes cantidades de sistemas burocráticos; tiene mucha familia, conocidos y empresarios a los que les debe favores de campaña; tiene a su disposición decenas de instituciones y personas muy talentosas. Ahora, esos esquemas burocráticos pueden ampliarse, modificarse, amañarse a antojo; o pueden hasta crearse nuevos, si los existentes no bastan.

Continúe imaginándose entonces que un amigo suyo lo apoyó en campaña incondicionalmente, creyó en usted desde el principio, dedicó de su tiempo, de su trabajo, de buena parte de su vida. Luego, cuando usted está posicionado, ese amigo lo requiere para pedirle algún que otro empleo o ‘ayudita’, ¿usted le daría cualesquier trabajo así no estuviera capacitado para realizarlo?

Con un amigo, y con las circunstancias planteadas antes de, no suena tan mal: es precisamente como pagar un favor, a pesar de ser antiético. Pero tenga en cuenta los agravantes que se vienen a continuación.

Tiene que saber que ese pago de favores no es solo a un amigo, sino a docenas, y ellos no vienen cobrando el favor solo por ellos mismos, sino también por sus respectivas esposas, hijos, primos, cuñados y hasta suegras: la situación se va complicando poco a poco.

Súmele que, además de esas docenas de amigos, hay docenas de empresarios que facilitaron dinero para su campaña; instituciones, que facilitaron personal y espacio; medios de comunicación, que persuadieron la opinión pública en su favor; delincuentes (en ocasiones), que se tomaron la molestia de hacer el trabajo sucio como comprar votos, intimidar poblaciones, callar a los habladores contrincantes; y cada uno de ellos no cobra el favor únicamente para sí mismo, sino, una vez más, lo cobran también para sus respectivas familias (donde caben hasta las suegras). La cosa se pone mucho más complicada en torno a los fondos y cargos públicos de la nación.

Pero en un país tan productivo como el colombiano siempre hay leña de donde cortar, mermelada para untar al pan de cada uno de esos grandes y gentiles favorecedores de campaña. Solo en Estados Unidos hay 12 consulados, en España hay 7, en Venezuela había 15, en Brasil hay 4, en Canadá hay 5, y así alrededor de otros 60 países. En las ciudades hay figuras organizacionales, como asistente del secretario del subsecretario, o asistente del subsecretario del secretario.

Gabinetes municipales con hasta 26 instituciones, entre las que figuran secretarías y entidades gubernamentales, componen de ahí para abajo decenas de personas en esquemas organizacionales muchas veces desentendidos de funciones administrativas claras.

Dé clic aquí para ver la mermelada instaurada en el actual gobierno de Iván Duque, con insólitos casos y personajes, que reflejan el continuismo burocrático de la política tradicional y la forma cómo maneja la institucionalidad y los recursos del Estado para pagar, hacer favores y hacer intercambios económicos y de poder.

La suegra de Abelardo de la Spriella, las esposas de Alberto Carrasquilla y César Gaviria, el hermano de Paloma Valencia y personajes afines al uribismo con investigaciones encima, son solo algunas de las decenas de nombramientos reprochables.

Foto cortesía de: Semana

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Hernán Muriel Pérez
Comunicador social - Periodista, Redactor-Editor, Fundador de Cofradía para el cambio - Copec