La sombra de un presidente

Las políticas económicas, el gabinete que ha designado y la injerencia de los poderosos grupos económicos, prevén la profundización de la hecatombe social.

Opina - Política

2018-08-07

La sombra de un presidente

Termina Juan Manuel Santos su segundo período presidencial, que conquistó tras la persistencia de llevar a cabo un proceso de paz con uno de los grupos insurgentes más antiguos del continente. Se va precedido de una fuerte campaña de desprestigio por parte de los miembros de esa especie de chusma iracunda que es el Centro Democrático. La colectividad de marras le cobró que haya sido presidente con la venia del que dijo el señor de los cielos y luego se alejó de los preceptos de guerra, venganza, odio y propaganda malintencionada.

Juan Manuel Santos Calderón se dio el lujo de darle algunas bofetadas sociales al Patrón, por la ascendencia social que le imprime pertenecer a esa rancia oligarquía bogotana, que luego no le importa divorciarse de ideologías para abrazar las conveniencias de clase. Ya no necesitaba a Uribe y él “solito” empezó a elaborar su propia agenda, que si bien siguió favoreciendo a su clase, a las grandes empresas, a los banqueros, a las multinacionales, a los expoliadores de la salud, de la educación, del medio ambiente y demás daños colaterales, se empecinó en doblar la hoja de una larga y cruenta guerra escenificada en los campos colombianos y que alcanzaba casi los 60 años.

Se va tranquilo, según lo ha dejado entrever, pues no hay un escándalo de marca mayor que nuble su camino hacia el olvido de un país que se acostumbró a los gritos y al odio de una clase “política cargada de tigre”. Le deja el solio de Bolívar a una sombra, a un fantasma, que divagará estos cuatro años en los sótanos de palacio, como aquel pecado que se merece esconder porque fue concebido solo con la intención diabólica de prestar su figura como adlátere de una astuta argucia de quien realmente dirá qué se hace y qué se deja de hacer. Áspid que morderá con encono venenoso la poca dignidad que le queda como persona si osare no obedecer el catecismo del Centro Democrático y si olvidase por un solo minuto que su cargo se debe al que “dijo Uribe”.

Friedrich Nietzsche, en un iluminado ensayo sobre Shopenhauer, escribía sobre la repugnancia de las generaciones futuras que tendrán que ocuparse “de la herencia de una época en la cual no regían hombres vivos sino apariencias humanas con opinión pública”.

Ese será el San Benito que acompañe a Iván Duque en estos cuatro años. Una apariencia humana que se revistará con la ayuda de una opinión fabricada en los cuarteles de invierno de los arismendis, néstores, gurisattis, dávilas y demás especímenes del “periodismo”, que se dieron a la tarea de coronar a un espejo de quien ellos sentían nostalgia de que no estuviera en el poder.

El futuro para Colombia no es muy claro en manos de un personaje que no tiene talante de estadista, ni es un dirigente curtido en las lides del trabajo social y comunitario y, mucho menos, se asoma por ningún lado su carisma de líder natural y espontáneo como lo fuera un Jorge Eliécer Gaitán, por ejemplo.

Iván Duque y Álvaro Uribe Vélez serán el vasallo y el jefe de una tragicomedia llamada Colombia. No podrá el escudo de la opinión de los medios amañados por el verbo incendiario de sus conciliábulos, ocultar las falencias de una personalidad en ciernes, que solo atina a decir, al frente de otro mandatario, una sarta de saludos y de futilezas, que demostraron no estar preparado para una responsabilidad como la presidencia de una república.

Aparte de lo anterior, que es nimio, llega a la presidencia sin que el actor de este circo, el fiscal Néstor Humberto Martínez Neira, haya aclarado suficientemente el “nauseabundo” fraude que prometió comunicar una vez Duque tuviese asegurada la presidencia. Su expectativa se esfumó en medio de un informe espurio que buscó aplacar la presión de quienes lo obligaron a cumplir la promesa. Las investigaciones que reveló sobre fraude fue la lavada de manos, cual Pilato, para no asumir con vitalidad la investigación del oscuro fondo de quienes, por medio del voto, negocian con nuestro futuro.

Pero uno de los puntos más preocupantes es su frío silencio o sus balbuceos pueriles frente al desangre que aqueja a los líderes sociales en todas las áreas. Si bien es cierto que por protocolo ha condenado públicamente los asesinatos, lo hizo tardíamente acosado por la necesidad de decir algo.

Hasta el momento van 311 líderes asesinados en las narices de las autoridades y del señor que asumirá los destinos del país, sin que por parte de ellas y, mucho menos del presidente que estará en Palacio a partir del 7 de agosto, se haya escuchado una posición contundente con el anuncio de acciones efectivas que resuelvan, de una vez por todas, la delicada situación de esta tragedia humanitaria, que se convierte en una ignominia para el país.

Lo que sí hizo Duque, de manera rauda, fue respaldar a su Jefe frente al llamado de indagatoria de la Corte Suprema de Justicia, en un acto temerario y de desconocimiento de la separación de poderes, por un lado; y por el otro, hacerse moler, como él mismo lo dijo, por la honorabilidad de un sujeto sub júdice. Grave para la investidura que asume.

Los más optimistas desean que le vaya bien porque también le irá bien a Colombia. Es posible, loable y necesario. Pero pocas esperanzas reales se vislumbran al final del túnel, pues las políticas económicas, el gabinete que ha designado y la injerencia de los poderosos grupos económicos, prevén la profundización de la hecatombe social. Y aparte de lo anterior, una sombra perturbadora lo acompañará in seacula seaculorum, hasta el final de sus días de mandato. No se vislumbra, entonces, luz en la caverna de nuestra realidad.

Dios mío, en tus manos encomendamos al presidente que ya se fue y a la sombra que llega.

 

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Imagen tomada de Twitter.

 

( 5 ) Comentarios

  1. El espejo de una realidad bajo la óptica de uno de los críticos de la oligarquía, parroquiano en el buen sentido, pero parroquiano de lo humano, humor fino y con bastante credibilidad a partir de la coherencia en su ser como persona y actor social, así conozco y admiro a Vega! “Dios mío, en tus manos encomendamos al presidente que ya se fue y a la sombra que llega.” Amén! (Respondo en su mismo tono).

  2. ReplyMaria Luisa Villarreal

    LA TRIZTE DESILUCIONANTE CRUDA Y REAL VERDAD ; DE UN PAÍS TOMADO POR DELINCUENTES DESCARADOS CONICOS SINVERGUENZAS AMORALES APÁTRIDAS PSICOPATAS ÁVIDOS DE SANGRE VENGANZA RENCOR PODER DINERO SIN IMPORTARLES PARA NADA EL
    SER HUMANO Y MENOS EL PUEBLO . 😡

  3. Va a ser muy difícil para Duque desmarcarse de Uribe sin parecer un traidor como le pasó a Santos, la diferencia es que Santos tuvo los cojones de hacerlo, Duque no.

  4. Excelente diaspora, muy buenas metaforas y comparaciones y sintetizada radiografia socio politicamente hablando!!!

  5. ReplyFrancisco Javier Orozco

    Y el discurso del bachiller presidente del Senado , cargado de odio , rencor y de insultos a las altas Cortes ,: da para corroborar lo dicho en esta nota . Y viendo el vídeo de la celebración de las huestes del Centro Democrático en donde se oían gritos y arengas destempladas de los y las lambericas y arrodillados del. C D . QUE HORROR . DIOS SE APIADE DE MÍ COLOMBIA ! Fr

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Marcos Fidel Vega
Comunicador Social Periodista. Docente universitario. Investigador de la cultura colombiana.