Insta-frustración

Que, si sale a la esquina, publique. Que si come algo, publique. Que si va a rumbear, así esté aburrido, así haya ido de pato, así nadie le hable, publique. ¿Para qué? Para que “la gente sepa” que hizo algo, que su vida no es tan miserable.

Opina - Sociedad

2018-01-20

Insta-frustración

Vivimos en un mundo de mentiras que se dicen sin hablar. Somos los interlocutores en un bombardeo de falacias que no tienen otra razón de ser que la idiotez humana. O bueno: la insatisfacción personal.

Ya me sirvieron en el restaurante, ahora le tomo una foto al plato. Pero, jamás al arroz con huevo tan delicioso que hace mi madre, ni a esa refrescante aguapanela con limón que me quita la sed casi toda la semana. ¿Por qué? Porque somos una farsa y sobre todo, porque nos avergüenza y/o no estamos contentos con lo que somos, ni con lo que tenemos.

¿Es que cuánto cuesta entender que la vida pasa adentro y no afuera, y que lo importante está en lo que se piensa y se siente, más que en lo que se hace? Todo se forja en nuestro interior. ¡Hombres, mujeres! Comprendan que una existencia extraordinaria no se basa solo en fotos o videos de Instagram. No, hermanos, es simple: se vive.

Entonces, no se puede alardear de lo que no se tiene y menos de lo que no se siente. Si alguien piensa que su vida es poca cosa, ni un millón de seguidores lo convencerán de lo contrario. Es más, ahora pareciera que las redes sociales y hablo puntualmente de Instagram, fueran una yincana; en la que alguien, esté donde esté, debe cumplir misiones y, sobre todo, condiciones.

Que, si sale a la esquina, publique. Que si come algo, publique. Que si va a rumbear, así esté aburrido, así haya ido de pato, así nadie le hable, publique. ¿Para qué? Para que “la gente sepa” que hizo algo, que su vida no es tan miserable.

¿Qué tan estúpido suena? Pues, es tal cual y lo peor es que ese alguien ni siquiera sabe que a nadie le importa y que si dejara de publicar un fin de semana, nadie le va a preguntar qué hizo o por qué no subió nada; que las redes sociales no dignifican, solo muestran. Y que, en ocasiones, reflejan la frustración en que muchos viven.

Lo que yo veo, porque claramente también tengo Instagram, es a un poco de gente del común esforzándose por parecer especial. Estas personas desayunan, almuerzan, comen, trabajan, duermen, como todo el mundo. Entonces, ¿cuál es el afán? Es que repito: lo importante es cómo se sienten y a mi parecer, por ejemplo, el solo hecho de estar vivos es casi un sueño. Pero, el problema es que no lo ven igual.

Estoy cansada de encontrar la misma foto en la cama, en el baño, en la oficina. Todos los días. ¿No se dan cuenta, a caso, de que eso delata su infelicidad? O si sacan al perro o si van a mercar o si toman una cerveza o si se encuentran a alguien. ¡Más bien, vivan! Y en el gimnasio, en la piscina, la misma foto, el desespero, todos los días, sin camisa, con camisa.

¿Buscando qué? ¿A alguien que se compadezca de lo mucho que se ofrecen y les haga el amor? Mejor es tratar de enamorarse de la rutina, hacer cosas que les guste, darse gusto así sea solos, pasarla rico, tener plenitud comiendo una paleta de agua en la tienda, vivir la soltería pacientemente y después salir con el/la que les gusta de verdad, no con el/la que tiene carro bonito para las selfies. Disfrutar, ¿por qué parece tan difícil?

Es obvio que las redes son para exponer la vida. Pero, lo que yo veo es que la gente enseña un delirio, mientras esconde la realidad. Y por ejemplo, no se atreven a enseñar su barrio o su casa, pero sacan la foto en el baño exhibiendo un Iphone. Suben fotos en pareja, mientras le hablan a otras personas o no superan a su ex. Es más, muestran a alguien que ni siquiera son. Y sí, todos queremos lucir bien. Pero, ¿no es más importante vivir?

( 2 ) Comentarios

  1. Me encanto tu articulo. Muy reflexivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lorena Arana
Comunicadora Social - Periodista, poetisa de oficio y de alma. Sobreviviente de la ansiedad y voluntaria en una fundación en la que la han mordido los perros por los que trabaja. Ahí sigue. Vacunada contra el tétano, premiada en algunos concursos. Ha escrito en periódicos, revistas, antologías y portales web. Pero, lo que más la emociona es que está próxima a lanzar su primer libro de poesía.