Enseñar historia en Colombia II

En un país profundamente machista, es importante reivindicar y dar a conocer la obra de mujeres que en su época lograron romper los esquemas de dominación masculina.

Opina - Educación

2018-02-14

Enseñar historia en Colombia II

En la columna anterior di algunas claves de lo que para mí sería una cátedra de historia que construiría nación en Colombia, siendo esa una de las misiones que este tipo de asignaturas tienen en la escuela, pasando por la formación de ciudadanías y el abandono de versiones patrioteras, excesivamente colmadas de fechas, reduccionistas o teológicas que podrían resultar impresionantemente nocivas.

Con la misma idea, sería necesario proponer –o mejor, complementar y organizar- algunas temáticas que serían incluidas en lo que para mí sería el currículo de historia, entonces, iniciaré repasando algunos ejemplos que se han quedado en el tintero respecto de la publicación pasada y luego avanzaré para proponer una esquematización que atente a explicar de forma completa ciertos episodios del pasado de forma que los estudiantes adquieran sentido crítico y sean capaces de comprender el mundo que les rodea.

En un país profundamente machista, es importante reivindicar y dar a conocer la obra de mujeres que en su época lograron romper los esquemas de dominación masculina y contribuyeron a nutrir ya fuese el debate público en sus respectivos periodos o con su obra consiguieron hacerse sitio entre las mentes nacionales, si es que eso existe.

En ese sentido sería importante destacar a personajes como Soledad Acosta Samper, quien a finales del siglo XIX incursionó en la literatura, el estudio de la historia, el análisis político y el periodismo, aún a despecho de las mayorías masculinas que encontraban que sus actividades eran provocadoras e impropias del género femenino y cuyo nombre no es recordado por la gran mayoría de las personas y me atrevería a decir que resulta desconocido para el 99% de los estudiantes colombianos.

La irrupción del feminismo en el país, en sus primeras instancias, tuvo que valerse de unas pocas figuras reconocidas, frente al quietismo y el profundo sopor que invadía a la sociedad colombiana en todos sus sectores y aunque no es una figura que reivindique plenamente ese pensamiento, María Cano resulta una de las mujeres más influyentes de su tiempo y la primera que rompió abiertamente con el modelo femenino de seres volubles, caseros y sumisos para combatir por sus ideas. Ideas que eran de tipo socialista, Cano fue una de las primeras dirigentes obreristas a nivel nacional y su papel fue destacadísimo sobre todo en el convulsionado final de la década del 20.

Igualmente, podríamos pasar por Policarpa Salavarrieta, celebrada en el billete de 10.000 pesos pero realmente desconocida en su participación de la guerra de independencia más allá de su fusilamiento; Antonia Santos, la consorte de Simón Bolívar, que fuera más que la esposa del Libertador y un largo etc.

Otro espacio en donde suele conmemorarse la historia es a través de los billetes y en el caso colombiano, como es costumbre, se ha destacado a figuras que permanecen completamente ajenas del sentimiento popular, cuyos nombres aún son desconocidos para la mayoría de las personas del país y mejor no hablar de sus obras, resultando ser un esfuerzo desde arriba por colmar la memoria de un pueblo que no la tiene y al que le interesa más bien poco desarrollarla.

Ante el permanente bombardeo que se recibe desde los medios, en donde se aborda a la mujer sobre todo como objeto sexual y sostén del hogar, es sumamente adecuado recordar las obras de personas como Virginia Gutiérrez de Pineda, pionera en los estudios antropológicos o Débora Arango, la pintora de éxito, que se salieron del molde que se tiene destinado a las mujeres en un mundo pensado desde los privilegios masculinos y lograron realizar importantes aportes al país y a la sociedad que en él habita.

Asimismo y siguiendo con las personas retratadas en los billetes, sería importante destacar a figuras como Julio Garavito, que a partir de sus observaciones encontró un cráter en la luna, el cual tiene su nombre y colaboró con los primeros estudios matemáticos que se realizaran en Colombia.

Alejándonos de los personajes y regresando a la explicación de procesos –elemento base de una buena clase de historia-, es importante que los estudiantes comprendan fenómenos sociales como la migración del campo a la ciudad, la industrialización o el cambio en el rol de la mujer, entendiendo que lo prioritario en estas asignaturas, es promover el cultivo de herramientas cognitivas necesarias para entender el mundo en el que se vive y brindar las pautas que sean necesarias para ello.

Regresando a lo indicado en la columna pasada, en donde se habló del carácter multirracial ineludible de la nación en Colombia, es imprescindible repasar la historia de Quintín Lame con su lucha en favor de los indígenas en el Cauca y el sur del país y la historia del movimiento por el reconocimiento de los derechos de esas poblaciones como elemento de inclusión de ellas, que también tendría que verse reflejado en la manera en que se enseñan las postrimerías del poblamiento español de los territorios que actualmente se llaman Colombia y la convivencia –por no llamarla explotación y exterminio- de esos migrantes con los aborígenes nativos.

La enseñanza sobre las culturas precolombinas y de los pobladores originales tendría que ahondarse, yendo más allá de catálogos sumarios que las convierten en simples datos e ilustraciones en representación de sus habilidades orfebres.

Igualmente, habría que pasar por la colonización paisa y la consolidación de las particularidades de las personas oriundas de esas regiones –recordemos que Antioquia fue bastión del federalismo en el siglo XIX- el auge del dialecto cachaco y el movimiento de escritores bogotanos de raíz profundamente hispanista, conservadora –Vergara y Vergara, por ejemplo, pero ahora Bogotá es un lugar sin identidad- así como por leyendas como la de Francisco, el hombre, y el origen del carnaval de Barranquilla y su relación con la aceptación del catolicismo en un contexto de mestizaje, sincretismo y convivencia de poblaciones distintas –mestizos, indígenas, libaneses y afros-.

Colombia, aunque país de regiones, carece de memoria y en la mayoría de los casos no se comprende el origen de la diferenciación entre las distintas poblaciones, producto del profundo aislamiento en que se vivía –y todavía se vive- en las aldeas y veredas y la ausencia de conexiones debido a la carencia de vías y medios de transporte –factor aún característico del territorio-.

Una de las ideas motoras de la cátedra de historia en los colegios, es comprender sin tapujos por qué somos como somos.

Respecto a las sugerencias que mencioné en el primer párrafo, se instauraría un sistema que dividiera la historia de acuerdo a épocas precisas y procesos macro bien determinados, que irían desde los tiempos más antiguos, pasando a través de los diversos grados por otros como el feudalismo, las civilizaciones mesoamericanas, el Imperio Chino, la revolución industrial del XIX hasta la guerras absolutas, la existencia del comunismo y la alternativa socialista durante el XX dibujando a grandes rasgos los elementos principales que definen cada periodo y de manera comparada.

Explorar cómo éstos se manifestaron no sólo en Colombia sino en América Latina y dependiendo el asunto, también en Asia y África para que de esta forma, los estudiantes aprendan a apropiarse de la idea de sur global como espacio que nos corresponde y que interactúa de forma cuasi permanente con los países industrializados-desarrollados.

Países que supuestamente son los ejemplos que hay que seguir pero que a la vez se benefician de un sistema que necesita que haya desahucios, desventajas, en fin, perdedores, poblaciones que soportan el peso de sus bienestares y sus comodidades, gentes que no verán la luz del sol mientras estén sobre la faz de la tierra.

Con este tipo de enfoque no eurocéntrico se incentiva la problematización de temáticas tan cotidianas como los modelos estéticos que se venden en la televisión, los relatos detrás de las películas de Disney o la necesidad de comprender y respetar la diferencia, promoviendo la tolerancia mientras se profundiza la noción de ciudadanía y se abre la mente a nuevos sonidos, sabores y horizontes que no suelen estar de primeras en el mapa pero cuyas experiencias nos conectan y preparan para trascender también al Estado y convertirnos en habitantes globales con criterio y consciencia de la época que se vive.

Cátedra de historia para saber por qué somos como somos, pero también para entender lo que viene de fuera, para tener herramientas que contribuyan a la comprensión del mundo en el que vivimos.

 

 

( 1 ) Comentario

  1. ReplyGladys Ferro Cabra.

    La enseñanza de la historia desapareció de la educación de nuestros jóvenes y aún no tengo claro el porque.
    Ahora hacen que se tenga una imagen distorsionada de los personajes que lucharon y crearon este país con telenovelas que adaptan los guiones a conveniencia del tiempo al aire y el impacto en los televidentes no en los hechos reales.
    Y ya que a los chicos y tantas personas están absorbidas por internet y redes sociales deberían de ser de obligatorio seguimiento cuentas cómo historia de Colombia que en forma muy corta amena y didáctica narra todos los hechos sin sectarismo.

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Andrés Santiago Bonilla
Politólogo de la UN. Énfasis en política internacional, Medio Oriente y Asia Pacífico. Amante de la escritura, lector voraz. Futuro periodista y analista político.