El progresismo reprimido

Opina - Sociedad

2016-11-13

El progresismo reprimido

 El martes en el minuto a minuto de las elecciones en Estados Unidos, trasmitido en CNN, uno de los comentaristas habló de Obama como el primer Presidente “negro”de ese país. En una nota publicada por El Espectador,  titulada “Príncipe Enrique, furioso por el «acoso» que sufre su nueva novia”, se hizo referencia a Meghan Markle como “actriz mestiza” (además de una clara invisibilización: no es una persona con nombre y apellido, no, es la “novia de”. Nótese, también, como acoso va entrecomillado, es decir, la persecución y el bullying de la que es víctima Meghan Markle podría ser acoso, o eso dicen, pero no se sabe). El discurso hegemónico de los medios de comunicación tiene gran incidencia en la continuidad, o mejor, perpetuidad de los sistemas de opresión.  De hecho, es una de sus principales herramientas.

La raza ha sido el instrumento más eficaz de dominación social creada en los últimos 5 siglos, cuyos inicios se remontan a la invasión colonial que conocemos como Descubrimiento de América.  Sin importar la existencia de evidencias científicas que demuestran que la raza es una categoría social creada a partir de una relación de poder y dominación actualmente, y más que nunca, prevalece la idea de que naturalmente hacemos parte de una raza biológica indiscutible. Lo cierto es que el hecho de que nuestra piel sea morena clara, morena oscura o negra no significa que “biológicamente” pertenezcamos a una raza, sino que esa característica física (color de piel) es socialmente leída como parte de una raza, resultado de colonialismo, intervenciones, genocidios y explotación.[1]

¿Hay alguna diferencia intelectual entre un indígena, una persona de piel negra, morena o blanca, poniéndola en la misma situación, con las mismas posibilidades y la misma educación? Lo dudo. ¿Por qué entonces los y las indígenas o los y las mestizos(as) están trapeando el piso de una oficina mientras el hombre de piel blanca está haciendo negocios? No me cabe duda de qué tanto la raza como la dualidad mujer/hombre, son asignaciones sociales que crearon la “idea de “diferencias” innatas y corporales para justificar sistemas de explotación humana. [2]

La homofobia, xenofobia y misoginia, son sólo la punta del iceberg. Hacen parte de un discurso que se multiplica y propaga como la peste: en los medios, en las publicidades, en las redes sociales, en boca de cristianos, conservadores, ultraderechistas y Trumpistas. Lo que hemos vivido, si acaso, es una especie de espejismo de “igualdad” a través del cual el capitalismo nos hecha a todos y todas en la misma bolsa. Hubo momentos en los que, tal vez, nos sentimos “incluidos”; cuando un hombre “negro” y una mujer fueron elegidos presidentes; cuando se le dio lugar a las “minorías” afrodescendientes e indígenas en los congresos; cuando se aprobaron leyes que permiten matrimonios de personas del mismo sexo. Espejismos.

En este contexto aparecen discursos facilistas y faltos de alteridad y conocimiento, que subestiman a quienes se alarman por la coyuntura y luchan por un cambio, porque los consideran “minoría”. Lo cierto es que estas “minorías” conocen perfectamente la génesis y funcionamiento del sistema y saben que no se trata de una estructura inmutable e inamovible, así que eligen intentarlo en lugar de darle la espalda a la realidad, porque es eso, precisamente, lo que permite que la mal llamada mayoría (los mayores centros de poder en el mundo, que no sobrepasan la docena, y un montón de manipulables) sea la que “gane siempre”.

El triunfo, si así se le puede llamar, del Brexit, del No a los Acuerdos de Paz y, ahora, de Trump, no es otra cosa que la reafirmación de un sistema colonial que predomina por encima de las pequeñas victorias de hombres y mujeres que luchan, dentro del mismo sistema que los oprime, por liberarse de él. Y hasta tanto no se desarticule lo natural de lo social, los avances por una igualdad material harán parte de un círculo en el que todo vuelve al mismo lugar.

Entender cómo funciona la sociedad y cuál es el origen de la opresión, es el primer paso para intentar desnaturalizar las categorías sociales que se nos asignan. Trabajar en nuestro lenguaje y en cómo nombramos las cosas, es otorgarle un lugar diferente al otro; descosificarlo, darle un nombre y un apellido. Considerarlo ser humano.

[1] La naturaleza de las opresiones.  Ímpetu Centro de Estudios

[2] La naturaleza de las opresiones. Ímpetu Centro de Estudios.

Publicado el: 13 Nov de 2016

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Tatiana Duque
Periodista de género y feminista confesa.