El precio de la inconciencia ambiental

A Medellín y Bogotá se les ve con dificultad las montañas y los Cerros Orientales: ambas ciudades están secuestradas por su propia polución de volquetas, camiones, buses, motos y fábricas.

Opina - Ambiente

2019-02-18

El precio de la inconciencia ambiental

No hay una mejor ocasión para sacarle en cara a Enrique Peñalosa los diez mil árboles que, durante su actual administración, supuestamente porque estaban enfermos y representaban un peligro, fueron talados. Al hombre le gusta el cemento, así como lo hizo saber en su cuenta de Twitter: “Dicen que me gusta el cemento. ¡Me encanta!”, en esa ocasión utilizó la buena causa de un colegio nuevo para justificarse.

En julio de 2016, en algunas zonas de Bogotá, los pastos naturales de los árboles fueron cambiados por un césped sintético, la administración argumentó que eso se hacía para que los andenes no fueran reventados por las raíces. Además, aseguraban que el material era de llantas usadas. Vivián Andrea Bojacá, investigadora de la Universidad Manuela Beltrán, en su momento comentó que sistemas como ese: “Pueden generar compuestos tóxicos y metales pesados cancerígenos que van a contaminar aguas y suelos”. El tema de reciclar llantas usadas no está mal, el problema es que se lleven a cabo proyectos por simple cuestión de estética.

En la Reserva Forestal Thomas Van der Hammen, Enrique propuso construir una urbanización llamada Ciudad Paz, algo que criticó fuertemente el senador Armando Benedetti: “Peñalosa es un hombre de cemento y es un hombre que no le importa la parte social”.

A finales de 2018, licitó la que será la nueva flota de buses de Transmilenio (1.383, en total) que recorrerán Bogotá, por lo menos, por quince años más, así como lo aseguró, en su momento, el periódico El Espectador: Transmilenio adjudicó cinco de los seis contratos para renovar la flota. Por ahora, el 60% serán a diésel; el 40% a gas, y los eléctricos quedaron por fuera.

En julio la Procuraduría cuestionó a Transmilenio, por intentar adquirir buses que, según el informe, tenían niveles de emisiones basados en los estándares de calidad de Euro V, regida en el año 2007 y no en la última norma, conocida como Euro VI de 2009. ¿Cuál es la diferencia entre las dos? El Euro V exige que el combustible diésel tenga menos de diez partes por millón en azufre. La norma Euro VI fue implementada en 2015, en ella se incluyen reducciones no solo en azufre y material particulado, también disminuciones en dióxidos de nitrógeno e hidrocarburos.

¿La administración iba a poner a respirar más dióxido de nitrógeno e hidrocarburos cancerígenos a los bogotanos? Vea pues, a Peñalosa no solo le gusta el cemento ni ostentar títulos de doctorados franceses falsos, también le encanta poner a andar en las calles de Bogotá buses descartados en Europa.

Ah, por poco se me pasa una perla más: “El problema de la calidad del aire es el polvo, no la combustión de los buses”, una frase para pegar en toda la ciudad, dicha por él en la emisora Blu Radio.

En ese momento descartó los buses eléctricos, porque eran más caros y afirmó con orgullo: “No estamos haciendo algo aquí rarísimo que afecte el medio ambiente. Los ciudadanos pueden estar tranquilos de que estamos haciendo la mejor licitación teniendo en cuenta la comodidad, calidad del aire y costos. El Euro V es el mejor motor que podemos conseguir”.

Caro le va a salir a Bogotá el tema de salud, a causa de sus partículas nocivas en partes por millón. En promedio, cada uno de nosotros respiramos entre diecisiete mil y veintitrés mil veces cada día. A nuestros pulmones llega el hollín negro que hay en la atmosfera. En el mundo, por ejemplo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), como causa de los malos aires que enfrenta Bogotá en este momento, mueren cuatro millones de niños cada año. Ese mismo aire genera problemas de salud como cáncer de pulmón, infecciones respiratorias (en especial la neumonía), accidentes cerebrovasculares y cardiopatía.

En Colombia las cifras no son nada alentadoras: ocho mil muertes por causas relacionadas a la polución cada año. Un análisis de la OMS en tres mil ciudades, da a conocer cuántos cigarrillos fuma la gente, sin querer, por la contaminación. Vivir en Bogotá o Medellín, es fumarse, pasivamente, un cigarrillo diario. En total, cada año, esa cifra mínima da una suma de dieciocho cajetillas.

En Colombia los gremios del transporte decidieron hacer a un lado los ferrocarriles y llenaron las carreteras, estrechas y repletas de curvas, queriendo imitar a Estados Unidos, –porque en Colombia pocas cosas son originales– con camiones que iban soltando su abismal contaminación. En Medellín, en el año 2007, mientras estaba como alcalde Sergio Fajardo, la Avenida Oriental, una arteria vial principal, fue enchapada con baldosines de colores, según sus argumentos, para que los transeúntes usaran las cebras, pero quitando plantas y encerrando a los árboles en olas de calor.

Las ciudades, cada día, son invadidas por más y más carros. A diferencia de 2017, en Colombia fueron vendidos, con cifras de Fenalco, 256.000 automóviles nuevos. La cifra de las motos, a diferencia de los autos, por lo menos hasta el mes de octubre, estaba duplicada: 457.491, 10,6 % más que en 2017. Si no se le pone atención a las motos, serán un problema gravísimo de contaminación. Honda, por ejemplo, tiene planes de vender un millón de motos en Colombia hasta el año 2030.

No es calidad de vida respirar un aire que te produce la muerte. Todas las cifras anteriores, fueron escritas para dimensionar el problema que enfrentan las ciudades capitales del país, en especial Bogotá y Medellín, las urbes en donde son vendidos más carros y motos. La decisión de políticos, empresarios y de nosotros mismos, dirá si esta situación puede cambiar o, definitivamente, estas ciudades están destinadas a morir por ser inviables a la vida.

En sus manos está promover modos de transporte más limpios, como los carros eléctricos, las bicicletas y el metro; la necesidad es implementar el sistema de jardines colgantes y de sembrar los árboles que sean necesarios. ¡Bogotá pide el metro a gritos, no da espera, como también pide que sus árboles dejen de ser talados!

Punto final: no serán viables las ciudades con gobernantes que ponen en sus prioridades la economía antes que la salud, ni serán viables las ciudades con gobernantes que hacen obras por estética, como Sergio Fajardo, con el único fin de poner a andar por las cebras a la gente, para eso está la educación vial. O de Enrique Peñalosa, llenado las zonas verdes con un césped sintético que aumenta la temperatura. La Avenida Oriental retomó su verde y la plata de los baldosines –lamentablemente– se perdió, algo similar puede ocurrir con los buses de Transmilenio con normativa Euro V que llegarán a Bogotá.

( 1 ) Comentario

  1. Bueno señores, no es para tanto. Cómo pedírsele al olmo que dé peras. No hay que olvidar que Peñalosa, Macías, Duque, Martha Lucía, Vargas Lleras, Gaviria, Pastrana, Uribe, en general todos los estamentos nacionales, no pueden ser más falsos que los diplomas que les encimaron. Pero no se puede olvidar que los problemas del ambiente, y todos los demás, no solo se deben a la corrupción sino también a la estructural estupidez brillante para planificar el desarrollo de nuestra nación, igual que nos está pasando con los POT

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Norvey Echeverry Orozco
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad de Antioquia. Ama el periodismo tanto como a su vieja.