El peligro de las extremas

La Nación colombiana merece una opción distinta, tranquila, sosegada, que permita empezar a caminar en dirección a un país más justo, incluyente y equitativo.

Opina - Política

2018-05-15

El peligro de las extremas

El país sigue polarizado y las bases sociales también. Las huestes de la extrema derecha y la extrema izquierda transpiran odio en las redes sociales. “El que no está conmigo, está contra mí”, y es inevitable preguntarse qué sucederá ante el eventual triunfo de una u otra extrema.

Así como no existen los “buenos muertos”, tampoco existen dictaduras buenas, no importa qué ideología profesen, y para explicarlo usaré las palabras del maestro de maestros, Estanislao Zuleta, condensadas en su “Elogio a la Dificultad”.

“Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia —por la desgracia— de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista”.

La historia está llena de guerras y persecuciones desatadas en nombre de una causa: la iglesia y su santa inquisición; Hitler y su ideal de raza aria. Bien es sabido que otros intereses menos religiosos e ideológicos se ocultaban tras estos derramamientos de sangre inocente.

“Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos”.

Es más o menos lo que se lee en las redes sociales por los defensores del uribismo y del petrismo, sin que sus jefes políticos se sonrojen siquiera por la altura que ha tomado el debate en Colombia. No apoyar, no votar por uno u otro candidato, convierte a la disidencia de las extremas en “tibios instrumentos de otras naturalezas más dañadas”.

A la extrema derecha ya el país le dio 8 años de gobierno, que podrían ser 16 si sumamos los de Santos, porque lo cierto es que a pesar del proceso de paz, la equidad y la economía siguen de “c…pa’l estanque”; por otro lado hoy la gente está pensando que es momento de dar una oportunidad a la izquierda, y eso suena muy parecido a lo que afirmaban los caleños antes de elegir a Apolinar Salcedo: “Démosle la oportunidad al cieguito”, y ya sabemos eso cómo terminó.

“No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro solo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra”.

¿Cuántas formas de irrespetar a las otras personas, leemos en las redes sociales? Ignorante, burro, mamerto, paramilitar, ¡estudie!… ¿Acaso caemos en la “interpretación paranoide de la realidad”?

“Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosana del aburrimiento satisfecho”.

Afirma Estanislao que justificamos nuestros fracasos atribuyéndolos a las circunstancias, es decir, a factores externos; en tanto el fracaso ajeno es consecuencia de una naturaleza maligna: él es así.

“La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa”.

Las extremas de izquierda tanto como de derecha, suelen caer en esa interpretación paranoide de la realidad, que bien explica Zuleta. Se crea esa monstruosa división en la que existen grupos en los cuales, todo lo que está dentro es bueno, no importa si sus actos no superan un análisis ético, lo único cierto es que quienes allí se encuentran, son buenos por el solo hecho de pertenecer al grupo; y, por el contrario, todo aquello que está por fuera, que se niega a ser parte de esa comunidad, que toma distancia crítica del grupo, es malo y amenazador.

El país venía en una división, entre santismo y uribismo, sin embargo, algunas voces prefirieron salirse de ese absurdo debate, entendiendo además que eran lo mismo, que el debate electoral no podía seguir girando alrededor de la guerra y la paz, sino que debería poner el acento en el modelo económico del país, y la terrible corrupción de la que santismo y uribismo no han escapado.

Allí surgió la Coalición Colombia, con un Neoliberal sí, pero honesto, y de ascendencia distinta a Santos o Uribe, como lo es Sergio Fajardo, pero también con un hombre íntegro, intachable, inmaculado y coherente con la política de izquierda como lo es Jorge Robledo; y una mujer a la que no le ha temblado la voz para denunciar los vínculos entre la política y los grupos armados ilegales, tanto de izquierda como de derecha, así como los actos de corrupción que tienen asqueada a la ciudadanía.

El país volvió a polarizarse, sin considerar que la Nación colombiana merece una opción distinta, tranquila, sosegada, que permita empezar a caminar en dirección a un país más justo, incluyente y equitativo, construyéndose un modelo que le sirva al país entero.

Roma no se hizo en un día, no queramos que Colombia se reconstruya de la noche a la mañana. Se puede, Coalición Colombia tiene claro el norte y Sergio Fajardo es la mejor opción, la decisión, es nuestra.

 

 

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Magnolia Londoño
Colombiana. Caleña. Librepensadora y con argumentos.