El país que no quería ser Venezuela

Al país le gusta el circo y el pan (también el tamal) y el fútbol y la música. Iván Duque encajaba en todas, por eso quedó de presidente con más de diez millones de votos. El problema es lo que se vino después.

Opina - Política

2018-12-10

El país que no quería ser Venezuela

Las vallas esas aparecieron de esquina en esquina. Eran claras en su mensaje: “¿Quieres ver a ‘Timochenko’ presidente?”, los rostros se contraían y, claramente, decían que no. Que cómo se les ocurre.

En época electoral, untado de clara de huevo, maicena, gaseosa y madreado hasta la saciedad, quedó evidenciado que el país, por lo menos en los años próximos, no votaría por ese hombre de barriga, barba y gafas apodado con el alias de ‘Timochenko’.

Colombia no quería ser Venezuela (ni tampoco Cuba). Así lo difundieron, con un término de “Chastrochavismo”. Y obvio, claro que no queríamos ser como Venezuela, pero tampoco queríamos ser la misma Colombia de siempre. Como no querían ser ninguna de las dos, propusieron a Iván Duque (un hombrecillo del que poco se había hablado) para que fuera el presidente de este enredo.

“Iván Duque es juventud. ¡Vote por Iván Duque!”, lo decía la vocecilla apagada y lastimera y de yo no fui que pone Álvaro Uribe cada vez que quiere algo de sus votantes. Así que las calcas esas, del joven sonriente y desconocido, con las manos extendidas hacia el horizonte, se comenzaron a ver en muchas partes (principalmente en camionetas que llevaban los vidrios oscuros), pero también en Renaults nueve y ocho y siete… En fin, en carruchos destartalados a los que se les caía la pintura cuando pasaban por un hueco.

Era sencillo entender el porqué de esas calcas en autos chatarras: su publicidad era excesiva en los medios nacionales, (obvio: medios que siempre han tenido, además de su poder, a empresas inmensas, como Postobón –que, según declaraciones de exjefes paramilitares, apoyó, con mucho dinero, la guerra sangrienta de este país– y el Atlético Nacional).

Además, eran pocos los que conocían a ese muchacho fortachón y amable. A mis tías les gustaba su elegancia (imagino yo que el brillo de su cabello las dejaba en shock). Votar por él, tal como lo decían sus vallas y publicidad en televisores y radios, era tener menos impuestos y más oportunidades de trabajo. (Esas oportunidades, sabía yo, terminan en cifras de informalidad altísimas del Dane en donde la gente se rebusca la vida en semáforos o buses).

Mis tías estaban enamoradas de Iván Duque, de su vocecita de antioqueño fingida y de su forma de presentar televisión (tan similar a la de Carlos Calero).

Ahí íbamos: a ellas se les había olvidado –con la buena memoria que tienen para recordar las fechas de los cumpleaños y los aniversarios de los muertos– todo lo que les había hecho Álvaro Uribe, el hombre que se escondía detrás de Iván:

Aumentó su edad de pensión, disminuyó sus horas nocturnas (como si a la noche se le pudiera quitar horas de oscuridad), menos salud, y, la más basta de todas: “A Colombia la está matando la pereza. Lo que tenemos que hacer es modificación de jornada de trabajo. ¡Recortar la jornada de sueño!, ¡es recortar la jornada de vacaciones!, ¡es recortar la jornada de festivos!”.

Mis tías, mientras él decía eso, estaban entretenidas con Factor X, no se acordaban del discurso aquel. Porque Rcn y Caracol, los canales que más se veían, no lo transmitían.

De Iván Duque a mi tío lo impresionó su habilidad para hacer la 31 con un balón: “Merece estar en la Selección Colombia”, decía. Obvio, es que él cada ocho días no se perdía los partidos de la liga colombiana. También se había ilusionado con ese gran Pelé colombiano que quería llegar a la presidencia.

¡Oh sorpresa!: (¿dará para sorpresa?, cuando miles de seres en este país, como mis tías y tíos reflejados en los párrafos anteriores, por un motivo tan simple como una camándula –por ese cuento que les ha dicho una y otra vez la iglesia: que el creyente es mejor persona que el que no– o una corbata, sin importar que les claven impuestos y reformas y corruptos, votan por el primero que se cruza en su camino).

No era una sorpresa, era lo obvio: al país le gusta el circo y el pan (también el tamal) y el fútbol y la música. Iván Duque encajaba en todas, por eso quedó de presidente con más de diez millones de votos.

Fue hasta España, “él solito”, como lo expresó Uribe en su Twitter, y empezó a mostrar su inexperiencia: Le manda saludos el presidente Uribe. Su gran amigo. Que lo quiere mucho. También le manda muchos saludos el presidente Pastrana”. ¡Ay, dios, nunca antes había sentido una pena similar por Colombia!

Después, con la oportunidad de hacer lo que él sí sabe: llegó hasta el Santiago Bernabéu, estadio del Real Madrid, y comenzó a jugar con un balón. Se desinfló cuando Emilio Butragueño, exfutbolista español, le expresó que él la cabeza la utilizaba para pensar.

Ya que se menciona a España, se descubrió que plagió al candidato español Albert Rivera, quién utilizó una propuesta publicitaria en donde escribía una carta, así como Iván Duque. ¿Un doctor de Harvard, como Iván, plagiando un contenido? ¡Qué va! A mis tías también las engañó con eso, porque el hombre fue a Harvard por unos días, no por años, como duran en realidad los doctorados.

Nombró, después de jurar cero corrupción, a Alberto Carrasquilla como ministro de hacienda. Este personaje, además de los bonos de agua, en 2008, aseguró que: “El salario mínimo en Colombia es un chiste, ridículamente alto, que debe ser reducido”.

Mis tías, desilusionadas con ese pelmazo que aparentaba ser un príncipe azul de canas blancas, cuando creían que nada podía empeorar, les hizo saber, a través de los canales nacionales, que aumentaría los precios de la canasta básica familiar. Ahí fue cuando comencé a escuchar los hijueputazos en mi casa y en las de los vecinos.

Días, solo contados días más tarde, se conoció la noticia del aumento del combustible: el más alto de la historia. En Francia los chalecos amarillos lograron retroceder el precio elevado que planteaba Macron, mientras acá se siguen riendo sentados de los estudiantes que defienden sus derechos, porque les parece normal que un país productor de petróleo tenga que cancelar el precio más elevado.

Macías, el presidente del Senado, propuso una constituyente: la estocada final para parecernos más al vecino. La última joya que se le ha conocido a Iván es su economía naranja con sus siete enanos, causante de una burla en Francia y en el mundo. La falta de memoria y de historia, por los temas importantes, nos han salido caras, tías queridas.

El país que no quería ser como Venezuela, se comienza a parecer cada vez más a ella, con un presidente que es light, más que Pastrana, y bruto, así como Nicolás Maduro.

Nota

No podemos dejar pasar la ley de convergencia, porque con ella adoctrinan más a las tías que se mantienen al frente del televisor. El que no sabe aún lo de esta la ley, lo invito a leer la novela 1984 de George Orwell, para que entienda qué busca el gobierno al disminuir los recursos de la televisión pública.

Foto cortesía de: Semana

( 10 ) Comentarios

  1. Más columnistas como vos, Norvey. ¡Seguir escribiendo! No lo dejés de hacer nunca. Estoy seguro que esta siembra de conciencia dará sus frutos. Adelante siempre, caballero. Sígase puliendo, usted es y será de los mejores periodistas con los que contará Colombia. Admiración completa a su trabajo y a sus ganas de emprender este tipo de debates.

  2. Me ha rondado mucho últimamante, más o menos x 1 semana, una inquietud q hoy quiero (y espero) sea despejada x los uribistas: cuando esperaban “salvarnos” de volvernos en otra Venezuela, d q exactamente esperaban salvarnos? d 1 payaso populista impuesto x el gobernante anterior? no lo creo, ahí lo tienen…d las represiones y censuras a medios y demás opiniones q se expresen en contra del gobierno? no, no creo q sea eso…d las longevas dictaduras? hmmmm, tampoco lo veo así…es un ejercicio q quisiera lograr para poder aclarar esta duda q me aqueja..

  3. Que belleza de artículo. Todavía me sorprende la gente que se hace la de la vista gorda frente esta situación tan deplorable.

  4. Muy buen artículo. Lo que buscaba Uribe aupado por los medios de comunicación, de los cuales son dueños los corruptos millonarios de este país, era seguir robando y tapando y además quedar en la impunidad todos sus delitos, con fiscal corrupto y de bolsillo de Sarmiento Angulo y de el. Una Venezuela pero de ultraderecha, a su mejor estilo. Roban asesinan y tapan aquí no pasa nada. Y con los periodistas de este país en su gran mayoría obligados por dinero . Sólo personas como usted, pueden ayudar en tan difícil situación. Pero la verdad que chupen duro Para ver si aprenden.

  5. una clara realidad ojala las personas se interesaran por leer artículos de esta dimensión política y critica, seguir leyendo y escribiendo en medios alternativos es la opción de mantenernos bien informado, es la manera de hacer contrainformacion.

  6. ¿Maduro bruto porque no se ha dejado tumbar?… Brutos son aquellos que no han podido derrocarlo y entre esos brutos está la dirigencia politica colombiana que quiere meter sus narices donde no la han llamado. ……¿porque al igual que en Venezuela no se les ocurre llamar a derrocar a Duque? No lo hacen les da culillo…

  7. Menos mal no se ha graduado, que vergüenza de seudo periodista, totalmente adoctrinado por la izquierda, vete a trabajar y a darle buena imagen a maduro, o ya tienes trabajo fijo en la bodega de petro?

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Norvey Echeverry Orozco
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad de Antioquia. Ama el periodismo tanto como a su vieja.