El Carnaval de Barranquilla no empieza desde enero

Como “el adn barranquillero es así”, que salgan a beber en las esquinas y a poner música ruidosa desde enero hasta que acabe el carnaval. Pues no, la ley hay que cumplirla.

 

Opina - Cultura

2018-01-06

El Carnaval de Barranquilla no empieza desde enero

La Troja es un establecimiento que ha sido declarado como patrimonio cultural y musical de Barranquilla. Tiene más de 50 años de historia y es una visita obligada para cualquier persona que quiera entender la cultura de la capital atlanticense. Sin lugar a dudas es un “templo” musical en el corazón de la ciudad. Sin embargo, el lugar fue sancionado por la Policía Nacional luego de que el anterior primero de enero decenas de personas invadieran el espacio público para celebrar la llegada del año nuevo a ritmo del Carnaval de Barranquilla y organizaran una “comparsa” espontánea.

Ante esta eventualidad, Juan José Jaramillo, Secretario de Cultura, Patrimonio y Turismo de Barranquilla,  manifestó su rechazo a la medida de la Policía y expresó que la pluriculturalidad del país se ve vulnerada por un “Código al cual no le importa la tradición”.

Las declaraciones de Jaramillo son desafortunadas. No porque La Troja no pueda considerarse un lugar con connotaciones culturales, o porque no esté en el “adn barranquillero” (tendremos que hablar de los tipos de barranquilleros y de los que no les emociona un sitio como este), sino porque socava las leyes bajo un argumento bastante simple y rudimentario: es que nosotros somos así.

Hay pluriculturalidad en Colombia, por supuesto, y es posible que el Código de Policía haya soslayado aspectos de tradiciones que bien pueden ser controlados a nivel local, pero eso no implica que por esa concepción de la cultura, el espacio público deba quedar a merced de “manifestaciones espontáneas”.

La policía acordó con Edwin Madera (propietario del establecimiento) utilizar vallas para que se demarcaran los límites del local, y esto fue irrespetado. Irrespetar la ley merece sanción, así funciona una sociedad en la que se haga efectivo el “rule of law“; pero si insistimos en defender estos pequeños actos bajo el escudo de la cultura, solamente acabaremos de darle una patada a la confianza en las instituciones y mandaremos un mensaje peligroso: como la ley no fue hecha pensando en los barranquilleros, entonces vamos a irrespetarla.

Así, como “el adn barranquillero es así”, que salgan a beber en las esquinas y a poner música ruidosa desde enero hasta que acabe el carnaval. Pues no, la ley hay que cumplirla. La Policía Nacional y la Secretaría del Interior son aliados para hacer valer las tradiciones atlanticenses, pero ahora son vistos por muchos barranquilleros como los enemigos de la tradición y se siente el ambiente regionalista que considera que las leyes son injustas solo porque se hicieron en Bogotá (¿desde cuándo no somos un país unitario?).

Por supuesto, lo anterior no es una manera de justificar los excesos del Código de Policía ni de desprestigiar tradiciones barranquilleras que puedan verse afectadas por la rudeza del mismo.

Por el contrario, tal como lo expresó el Secretario de Gobierno, Clemente Fajardo, el Distrito está en la obligación de encontrar caminos para proteger la actividad cultural, y uno de ellos es la expedición de decretos excepcionales para los eventos del Carnaval, pero el primero de enero no es Carnaval.

Para finalizar, citaré las palabras de Alfredo Bullard, reconocido arbitrador latinoamericano, sobre lo que, para él, es un problema recurrente en el subcontinente: la incapacidad de hacer cumplir las leyes: “Estudios del Banco Mundial señalan que, eliminado el efecto de la existencia de recursos naturales, la existencia de un rule of law explica más de la mitad de diferencia en el nivel de crecimiento entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo”.

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Reynell Badillo Sarmiento
Internacionalista en formación, UniNorteño.