Dos discursos, un camino: La encrucijada de Duque

¿Los senadores que repetitivamente le recuerdan al presidente quien es el jefe, le estaban mandando un mensaje de lo que tiene que hacer y de que quieren venganza?

Opina - Política

2018-08-08

Dos discursos, un camino: La encrucijada de Duque

El 7 de agosto de 2018 no pasará a los anaqueles de la historia, por lo menos no entre los hitos positivos del país, pues la conmemoración de nuestras fuerzas armadas que engalana la llegada a la casa de Nariño del nuevo presidente de la República, se vio tristemente empañada por el discurso agraviante del presidente del Senado, quien en un derroche de insultos lastimó el frágil orgullo colombiano ante los ojos de los presidentes de otros países que hicieron presencia en el espacio y ante las cámaras que retrataron para el mundo la bochornosa verborrea casi eterna de Ernesto Macías.

No planeo revisar los dardos de odio lanzados por el senador, pues más allá del mensaje, la incertidumbre que queda en el ambiente es la intención con la que lo hizo. En lo personal, me niego a creer que un discurso en un momento tan importante para el país, pueda ser producto del error involuntario. Que el presidente Duque tuviera conocimiento de lo que se iba a decir podemos dejarlo al universo de la duda, pero que el expresidente Uribe lo supiera es básicamente un hecho, lo que es coherente además con la publicidad política pagada por el Centro Democrático en la edición del periódico EL TIEMPO de ese mismo día, donde en una página entera bombardearon de críticas al gobierno Santos.

Más aún cuando se reveló por video de noticias UNO que la bancada del Centro Democrático celebró el discurso, lo calificó de necesario, se burló de los invitados internacionales y hasta se dejó ver la farsa que montaron apoyando, supuestamente, la consulta anticorrupción para luego dejarla hundir.

Cálculo político, puede ser la conjugación de palabras que defina el acto de posesión, en el que al mejor estilo policiaco del bueno y el malo, el senador Macías incendió el ambiente, contrastando con el pacífico y mediador presidente Duque, que llamó a la reconciliación unos minutos después. La intención, finalmente, es la que no logro descifrar, pues los estragos de semejante abrupto parecen ser mayores que los beneficios, por lo menos por ahora.

Puede que el discurso tuviera la intención de hacer creer al país que estamos peor que Venezuela, y que cualquier mejora o dato positivo deberá agradecerse al gobierno entrante, asunto por demás, falaz. Pero lo que dejó en el ambiente va mucho más allá, y afecta directamente la imagen del presidente (Duque, por si las dudas).

La perorata del senador Ernesto Macías fue en honor a un expresidente y no al presidente entrante, lo que refuerza su imagen de manipulable y lo relega a un segundo plano, lo que pudimos observar en las redes sociales, donde el presidente se vio opacado por el polémico discurso en cuestión. Acto seguido, escuchamos una diatriba de improperios y cifras sesgadas salidas de contexto que no solo insultaron al presidente saliente, sino a todo el país, dejándonos en ridículo frente al mundo entero en un día de celebración patria. Para luego dar paso a las palabras del presidente, que poco o nada surtieron efecto en la opinión pública, pues era como intentar apagar un incendio soplando con la boca.

Al no existir coherencia alguna entre las ideas violentas presentadas por el senador del Centro Democrático que eran una declaración de guerra plagada de señalamientos y, el romántico llamado a la unidad del presidente, la duda me invade: ¿El presidente no tiene control de su bancada de congresistas? La vicepresidenta y la senadora Paloma Valencia han hecho énfasis en que una cosa es el gobierno y otra el Centro Democrático. ¿Los senadores que repetitivamente le recuerdan al presidente quien es el jefe le estaban mandando un mensaje de lo que tiene que hacer y de que quieren venganza?

Lo cierto es que el sin sabor se hizo sentir entre los colombianos, los congresistas y periodistas, que no entienden cómo en un momento tan trascendental se pudo hablar de forma tan desafortunada. Lamentablemente ni siquiera el viento que amenazaba arrebatarle las hojas al congresista durante su intervención pudo detener la irremediable vergüenza.

El desafío del presidente es gigantesco, pues su llamado a la unidad es necesario para poder sacar adelante su agenda legislativa y reconciliar a un país partido a la mitad, pero tendrá que lograr que su mensaje cale primero al interior de su partido, donde algunos miembros al parecer, no han entendido que ya ganaron, que ahora son gobierno, y que el momento de criticar a Santos terminó el 17 de junio. Duque tiene la oportunidad de construir sobre lo construido y llevar al país por la senda del desarrollo y la prosperidad, esa que todos deseamos. Y para ello deberá asumir el timonel como jefe de Estado y unirnos como nación en medio de las diferencias, el mayor reto de todo gran líder.

No es el mejor inicio para el nuevo gobierno, pero esperemos por el bien de todos, que el discurso que prime sea el del presidente Duque, el de la unidad, la reconciliación y el progreso, y no el del odio y el revanchismo de Macías. ¿#SePuede?

 

 

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Alex Florez Hernandez
Empeliculado con la Paz, comprometido con la política y apasionado por el Derecho. Cuasi Abogado de la Universidad de Medellín, Representante de los Estudiantes de la misma Universidad y Representante de los Estudiantes de Colombia ante el Consejo Nacional de Educación Superior CESU.