Deseos para Navidad y para el nuevo año

Quiero, con todo mi corazón, que el presidente deje de cantar y de tocar guitarra, que no recuerde más a los siete enanitos y que más bien se preocupe por consolidar la paz, por favorecer a las clases media y baja, y por cuidar más la naturaleza.

Opina - Sociedad

2018-12-11

Deseos para Navidad y para el nuevo año

Si a algo debe uno aferrarse es a la esperanza. Dicen por ahí que es lo último que se pierde, y siendo así, me sujeto a ella con la firme convicción de que al hacerlo, no renuncio a la sana crítica que es, desde luego, lo que motiva mi tarea de escribir.

Porque, claro, nos debemos, ni más faltaba, a la gente, a todos aquellos que no tienen voz, a los desvalidos y a los desprotegidos que claman por alguien que por lo menos los escuche y alce su voz para que sea tenida en cuenta.

Entonces, para el año 2019, que está próximo a comenzar, mi primer deseo es poder, como es costumbre, seguir aplaudiendo sin miedo y criticando de la misma forma, todo lo que esté bien o esté mal, lo cual, obviamente, es medido de acuerdo al sentir ciudadano. Eso de estar al lado de los poderosos se lo dejo a muchos colegas que más que periodistas se han vuelto jefes de prensa de ellos.

Dicho lo anterior, deseo profundamente, también, que en esta Navidad nos traigan como regalo, aunque sea, una pequeña dosis de reconciliación y de paz entre todos. No es agradable entrar a una reunión o a las redes sociales, por ejemplo, y ver que el fanatismo, la continua confrontación y la defensa a ultranza de mesías aún siguen siendo las herramientas de muchos para participar en ellas.

Deseo que brille la argumentación, la sindéresis, el buen humor y el respeto, que no haya unanimismo pero que, por lo menos, se pueda conversar sin agredirnos.

Deseo que el presidente Duque se aleje totalmente del uribismo, de su jefe, que lo traicione, si se quiere, y que empiece a gobernar él, sin las presiones de un partido que lo llevó a la Presidencia pero que muy mal le hace a la hora de asesorarlo o de darle órdenes.

Y como de argumentos se trata, respaldo este deseo con el recuerdo sombrío de una oposición destructiva, esa que se enfrentó a la paz con mentiras, esa que desconoció los esfuerzos del gobierno anterior y que motivó la aún existente polarización que hoy tiene sumido al país en batallas ideológicas y hasta jurídicas.

Quiero, con todo mi corazón, que el presidente deje de cantar y de tocar guitarra, que no recuerde más a los siete enanitos y que más bien se preocupe por consolidar la paz, por favorecer a las clases media y baja, y no solo a los empresarios y a los riquitos que le deben hablar al oído a través de su director.

Que la reforma tributaria que disfrazaron con el eufemismo de “Ley de financiamiento” no le vaya caer encima a los pobres con todo su peso. Los impuestos son necesarios, pero deben ser justos. Eso de seguir exprimiendo a la gente no es sensato, se requiere que aporte equitativa y proporcionalmente junto a la que tiene con qué.

Deseo que, para el 2019, el que seguirá siendo un mísero salario mínimo, al menos alcance para que la gente obtenga algo de dignidad.

Somos un país con muchas desigualdades e inequidades y a los que mandan, parece importarles poco. Un buen regalo de Navidad sería que a los que menos tienen, los empiecen a mirar con afecto, con comprensión, para que se empiece a trabajar por ellos.

Dentro de mis deseos también está el que conduzca al Congreso a lograr una unidad para sacar adelante los proyectos sociales, los que lleven a una mejor condición de vida para todos y a un desarrollo continuo del país.

Hacer oposición por hacer oposición no trae nada bueno. Ya lo anunció Duque: espera hacer coalición con los partidos para lograr gobernabilidad a cambio, claro, como se sabe, de algunos puestos, es decir, a punta de “mermelada”, esa que tanto criticó pero que, por inexperto, quiso dizque erradicar. Embustes, el Congreso funciona así, el colombiano funciona así, nada es gratis: tú me das, yo te doy…

Espero, firmemente, que los estudiantes, los profesores, los trabajadores, los obreros, sigan marchando, de ser necesario, para lograr sus reivindicaciones. Si no hay un gobierno que los escuche, la protesta social, protegida por la Constitución y la Ley, es necesaria.

Que esa protesta, asimismo, se haga sin violencia, sin vandalismos de ninguna índole, respetando los derechos de los demás y buscando siempre beneficios colectivos y no individuales.

Deseo que para Bogotá haya una mejor vida. El 2019 pinta como un año de grandes congestiones por cuenta de obras que, según dice Peñalosa, van a iniciarse. Ojalá sean para bien de la ciudad, aunque me cueste creerlo:

Se van a tirar la Séptima, van a construir un metro alimentador de TransMilenio, el futuro de la Reserva Van der Hammen está en veremos todavía, los buses rojos y los de siempre van a seguir contaminando, a la gente no se le escucha, la movilidad y la seguridad son de lo peor, la anarquía de ciclistas, conductores de vehículos particulares y públicos, y de los peatones, se apoderó de la ciudad, y los venados y el agua cristalina del río Bogotá todavía no se ven…

Deseo que los comicios para reemplazar al alcalde arrogante y mandamás den como resultado la elección de uno menos autoritario, más flexible, más dado a la gente y no a sus amigos.

Como periodista, anhelo que los ruidos de censura cesen por completo. La libertad de expresión debe defenderse siempre, mientras no linde con el delito ni raye con el irrespeto. Eso de estar amenazando a la gente con demandarla o denunciarla porque piensa o se expresa, es propio de una dictadura.

A los ministros y funcionarios de este gobierno les deseo que puedan desarrollar sus labores de la mejor manera posible, pero que cuando deban dar un paso al costado por cuestionamientos o dudas en su proceder, lo hagan, con ello se hacen un bien, a ellos mismos, al presidente y al país.

Ojalá que nuestros deportistas sigan cosechando triunfos. Verdaderamente, son los que hacen grande este país. Todos, en sus disciplinas, nos han dado enormes alegrías, momentos de dicha y de felicidad, satisfacciones inmensas, los mejores regalos de Navidad. El otro año deberá ser para ellos uno que siga consagrándolos en el ámbito nacional e internacional.

Y ya que hablamos de deportes, espero que valga la pena darle gusto al abuso de la Dimayor de cobrar por un canal para ver un fútbol mediocre. Ese negocito debe verse retribuido en los hinchas y no solo en los equipos y en los dirigentes del balompié que, muchas veces, nos han hecho quedar como un zapato.

Deseo que a RCN le vaya mejor, pero para ello, le pido al buen Paulo Laserna que no le tiemble la mano para empezar de cero. Ese muerto se puede revivir si se hace buen periodismo y no uno militante que fue lo que, en últimas, produjo su debacle.

Hay que renovar las direcciones de los noticieros y de los programas de opinión, pero conservar a muchos buenos periodistas que ahí trabajan, porque los hay, y hartos.

Por último, y para no cansarlos, deseo que le pongamos mayor atención a los problemas climáticos. Con eso no se juega. No entiende uno cómo es posible que la gente no tome consciencia de ello y siga, a estas alturas de la vida, botando basura a la calle, sin reciclar, talando árboles, dañando la naturaleza, maltratando a los animales, quemando pólvora, utilizando elementos nocivos para la biodiversidad.

¡Qué viva la libertad!, he dicho miles de veces, cada quien debe tenerla para vivir como quiera, para comer lo que quiera, para consumir lo que le plazca, pero no estaría de más que le peguemos una revisadita a algunas cosas, empezando por la elección de mandatarios que desconocen los problemas del planeta, miren para el norte y verán…

Ah, mi último deseo, por ahora, es que la droga se legalice. Bueno, me moriré esperando eso, pero es la única forma de acabar el crimen. Claro, siempre acompañada esa legalización de fuertes campañas pedagógicas y educativas para evitar su consumo, pero, pues… otra vez, ¡qué viva la libertad!

Adenda

Gracias a todos mis lectores y seguidores por este año 2018 que termina. Nos quedan muchas columnas por escribir, muchas cosas por hacer, y desde ya, estoy atento a sus propuestas.

Les deseo a todos una muy feliz Navidad y un año 2019 lleno de logros, alegrías y satisfacciones, y también de problemas, porque no hay felicidad absoluta, sino momentos de dicha que deben aprovecharse para solucionar los inconvenientes.

¡Fuerte abrazo, amigos, y felices fiestas! ¡Nos vemos el otro año, como siempre, en La Oreja Roja!

Foto cortesía de:

( 3 ) Comentarios

  1. ReplyHernán Muriel Pérez

    Gran columna Mauricio. De la mano de Dios y el trabajo lograremos cumplir muchos de esos deseos. ¡Más unión necesitamos! Gracias por compartir, como siempre.

  2. ReplyFlorángela Herrera Reyes

    Me pone a pensar que tanta necesidad tenemos que la lista de deseos siempre es larga así como larga es nuestra esperanza. Gracias querido Mauricio

  3. Gracias al equipo de La Oreja Roja por su labor de investigación opinión y denuncia.Los esperamos en 2019.

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Mauricio Galindo Santofimio
Comunicador social - Periodista, docente universitario. Subdirector de Esfera Pública. https://twitter.com/MauricioGalin11