De tragedia en tragedia

Entre todos saltemos alto, para que la altura de su ego se derrumbe. Para que no se crean invencibles ni intocables. Para que sientan, así como cuando tiembla la tierra, lo frágil que es su poder.

Opina - Sociedad

2018-11-28

De tragedia en tragedia

Esa es Colombia, mi patria, una republiqueta de bananos, café y coca a la que se le caen puentes, edificios, estadios; un país en el que los túneles, como el de La Línea, se demoran más de diez años, con un sobrecosto triplicado.

Esa es Colombia, la católica, pero laica, la que reza para matar y la que mata para rezar, la que compra votos por un tamal o por un billete de Jorge Isaacs.

En la que muchos de sus funcionarios públicos no han leído ni un renglón de ética y moral, como Néstor Humberto Martínez, el fiscal, y otros más. La que amenaza y mata a los diferentes, porque les da pereza pensar.

La que tiene a psicólogos de gerentes de bancos, aunque no sepan de contabilidad, por favores de amistad. La que vota por temor. La que año tras año gradúa en derecho y ciencias políticas a maestros y doctores, pero tiene como presidente del Senado a un hombre que, además de ser bueno en hacer mandados, hizo (validado) su bachillerato.

Esa republiqueta a la que le hace falta marchar, sentir, pensar, despertar, soñar, entender que esos billones de billones que se roban cada año son nuestros impuestos… Es el dinero que nosotros, el pueblo, sudamos. Que ellos lucen corbata y el último auto de moda, porque nosotros, cada tres meses, les pagamos.

Esa es Colombia: una esquina de Sudamérica rica en mares y en recursos mal administrados, en donde se reprime y se mata a los testigos con una mezcla soluble de cianuro, arsénico o talio.

En donde los escándalos de corrupción no alcanzan para destituir, pero sí para premiar. En donde el presidente, que defendía una lucha frontal contra la corrupción, los sale a justificar.

Vamos de tragedia en tragedia, porque creemos que es lo mismo un doctorado que un certificado. Un bachillerato que una especialización. Del puente Chirajara a La Pala, o del Bernavento al puente de la calle 122, en Bogotá, terminando en el Space: todos desplomados. Y ellos, los que se roban el erario, sonrientes, disfrutando whisky o vodka; mientras cinco o diez familias lloran a los muertos.

Es cuando uno se pregunta el hasta cuándo, ¿hasta cuándo va a soportar Colombia tanto sufrimiento?, ¿hasta cuándo vamos a soportar que nos roben lo que es nuestro?, ¿hasta cuándo, campesino, vas a permitir que te paguen tan mal, cuando tu trabajo es tan vital para que se alimente la ciudad?, ¿hasta cuándo los hijos van a ir al Ejército y no a la Nacional?, ¿hasta cuándo la universidad será vista como un privilegio?, ¿hasta cuándo vamos a permitir que la salud no sea un derecho?

Que alguien me responda ese hasta cuándo va… Porque llevamos en lo mismo doscientos años y más: muertos, reprimidos, adoctrinados, callados, sufriendo en silencio…

Por eso y mucho más, vale la pena gritar ¡viva el paro nacional! Campesino: marcha por los familiares que te mataron. Por los que hicieron ir y no volvieron. Por los que vistieron de camuflado siendo civiles y llamaron guerrilleros. Por el pedazo de tierra que algún día le perteneció a tu abuelo. Por los que quemaron libros, te impidieron leerlos y tuvieron el descaro de confundir brujería con descubrimiento.

Por los subsidios que te prometieron y no te dieron. Por hacer matar, estúpidamente, a tus primos con tus abuelos. Por los que te han robado todo (incluyendo los sueños). Por los que te ofrecieron antes un fusil que un cuaderno.

Campesino, marcha por las horas que han tostado tu piel, por la lluvia que te ha resfriado, por no tener derecho a una pensión al cumplir seis décadas de trabajo. Por las veces que te obligaron cambiar la paz de tu campo, con sus árboles, con tus vacas y marranos, por el sonido de miles de carros, cientos de ranchos mal hechos y una caja de embolar zapatos.

¡Marcha, campesino, para que tu salario mejore! Para que entiendan que sin ti, en una selva de cemento, no pueden sembrar, ni vivir, ni alimentarse bien. Marcha para que te valoren. ¡Marcha, campesino, no tengás miedo!

Estudiante: ve, marcha, sin que ningún político te lo diga, es tu educación, así te griten que eres un vago, son los libros que disfrutarás mañana, tu calidad de vida, tu forma de ver el mundo; es poder apreciar el arte con otra mirada.

Hazte escuchar, estudiante, recuérdales que estás vivo y tienes —además de mucha energía— buena memoria de lo que le hicieron a tus abuelos, porque lo has leído. Tienes el derecho de cerrar vías y de romper todo, así como ellos se han encargado de romperles los sueños a miles de jóvenes cada año, porque un país que deja atrás su educación, escondida en el zarzo, es un país sin futuro.

Ve, quiebra todo: desgasta tu voz, saca tu energía, hasta que entiendan que anhelamos aprender. Marcha por las balas que han disparado contra tus compañeros, por las veces que te han pretendido callar. No olvidés que si no fuera por la universidad pública tú no podrías soñar con lo que quisiste algunos años atrás.

Demuéstrales, estudiante, tal como se llenan la boca los grandes medios, que vándalos son, entre miles de marchantes, solo cinco o seis.

Grítales de todo, estudiante: que les falta agua a los niños en La Guajira y escuelas a los del Chocó. Que les falta seguridad a los líderes sociales y periodistas y les sobran escoltas a sus esquemas de mil hombres. Por favor, no olvidés recordarles que les falta, a los políticos, —sin distinción de partidos— menos mentiras y más ética.

Indígena: demuéstrales, por medio de tu sabiduría, lo importantes que son los árboles, grítales que no vayan a abrir huecos profundos buscando petróleo, porque ningún precio se compara con el del agua, y dejen de maltratar tanto el planeta, para que los hijos de sus hijos tengan su mismo privilegio.

Entre todos saltemos alto, para que la altura de su ego se derrumbe. Para que no se crean invencibles ni intocables. Para que sientan, así como cuando tiembla la tierra, lo frágil que es su poder.

Foto cortesía de: Vatican News.

( 2 ) Comentarios

  1. ReplyNatalia Parada Anteliz

    Muy hermoso. Gracias, muchas gracias al que se tomó la molestia de escribir tan bellas palabras. Espero que sigan haciendo todo para que poco a poco pueda ir llegando a todos los que quieran ver una nueva Colombia, o bueno, no una nueva sino la Colombia que siempre ha sido solo que ha estado escondida por todos los flagelos de las personas que causan mal aquí.
    Prensa sin censura!!!!!!

  2. Ojalá se movilizarán cada vez más compatriotas en torno a objetivos comunes para lograr así un impacto a gran escala. Por lo pronto, gracias por esta visión emocionante y pretenciosa de país.

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Norvey Echeverry Orozco
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad de Antioquia. Ama el periodismo tanto como a su vieja.