De palabras empeñadas 

¿Quién se atreverá a sentarse a dialogar con el establecimiento cuando es posible que su sucesor tumbe de un tajo todo lo acordado? La respuesta es sencilla: nadie.

Opina - Conflicto

2019-03-13

De palabras empeñadas 

Ya el presidente Iván Duque había manifestado que no estaba obligado a cumplir algo que él no había firmado. Esta semana, para sorpresa de… Nadie, el jefe de Estado señaló que iba a objetar 6 artículos de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz, con el fin de construir una justicia que garantizara paz, no impunidad y no repetición.

Aunque hubiera parecido un objetivo loable para la paz de Colombia. Si Duque y su partido no hubieran mostrado todo el desdén que han mostrado hacia la paz con las Farc, hasta sería creíble su posición. Sin embargo, desde 2016 vienen haciendo una campaña sucia en contra de los acuerdos de La Habana.

¿Qué los haría respetar los acuerdos?, al menos la palabra empeñada del Estado colombiano ante la guerrilla, sus ciudadanos, las instituciones gubernamentales y la comunidad internacional. Pero al parecer Duque y sus asesores, no conocen la diferencia entre Gobierno y Estado.

Con esta decisión el presidente no solo se salta el orden institucional, pues la Corte Constitucional ya había declarado exequible el proyecto, sino que además mancilla la confianza en el Estado. A las Farc habrá que agradecerle su voluntad de paz real, después de los múltiples incumplimientos que ha sufrido el acuerdo.

Este juego político de Duque, que solo quiere aplazar el conocimiento de la verdad, puede acabar con la base del acuerdo, motivar a los desmovilizados a volver a la guerra por falta de garantías y sumirnos en otro medio siglo de terror. Ojalá sus protegidos se lo paguen como Dios manda.

Duque marca un precedente lamentable para la confianza en futuros procesos de paz, que sin duda, tendremos más adelante. ¿Quién se atreverá a sentarse a dialogar con el establecimiento cuando es posible que su sucesor tumbe de un tajo todo lo acordado? La respuesta es sencilla: nadie.

Así mismo, ningún país asumirá la tarea desinteresada de fungir como garante de un proceso de paz, cuando se va a echar por la borda el extenuante trabajo de cientos de hombres y mujeres por alcanzar un pacto.

La palabra de Colombia ya no tendrá ningún valor para ser empeñada. El presidente Duque, además de subirnos los impuestos, exponernos al fracking, meternos en conflictos internacionales, desbaratar la paz, propiciar nuevos conflictos internos, nos quita lo único que tenía valor para el Estado: su palabra.

Foto cortesía de: Semana

( 3 ) Comentarios

  1. Es cierto que este presidente ha sido desastroso. Pero por otro lado esos acuerdos están mal negociados. Ojalá se rectifiquen los errores, por el bien de la paz y del país.

  2. ReplyANDREA MORALES ROMERO

    Muy buen articulo …por eso la gente no cree ya en el presidente ni sus entidades …por que no cumplen nada…solo palo para el pueblo colombiano y retraso para volve a la guerra!!

  3. Paz, puro bla, bla, bla en este país nunca habrá paz la paz no solo es acabar con un conflicto también es tener tranquilidad de tener un empleo digno con un mínimo que alcance para las necesidades básicas, con educación gratuíta desde primera y infancia hasta educación superior con reales oportunidades de empleo y sobre todo con una verdadera justicia.

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Carlos Eduardo González
Periodista UniSabana. Economía Universidad Javeriana.