Carta al Presidente Duque: Todo depende ahora de vos

Estamos a tiempo de impedir una nueva “marea roja” como la que aniquiló, primero al liberalismo y luego a la Unión Patriótica.

Opina - Política

2018-07-06

Carta al Presidente Duque: Todo depende ahora de vos

“¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia”.

Señor Presidente Duque:

Las palabras que, a modo de epígrafe, encabezan este escrito fueron pronunciadas por Jorge Eliécer Gaitán en momentos en que el proceso de escalamiento de la Violencia en Colombia estaba comenzando. Se las dirigió, el 7 de febrero de 1948, al presidente Ospina Pérez quien, como vos, había llegado al poder con la promesa de lograr la unidad nacional de la República y la superación de los problemas de corrupción y violencia que aquejaban al país.

Entonces, como ahora, los miembros y dirigentes del entonces partido opositor, el Liberal, en el cual alguna vez militó vuestro padre, eran objeto de la persecución y el asesinato por el simple hecho de ser liberales.

El presidente Ospina había prometido una política de garantías y reconciliación y en su discurso de posesión, muy parecido al vuestro, había abogado por el logro de esos ideales.

Sin embargo, a pesar de las palabras del presidente llenas de aparente bondad, el país atravesó por un mar de sangre y llanto que aún nos avergüenza ante propios y extraños.

Asimismo, en los años ochentas la llamada operación “Baile rojo”, con igual sevicia, exterminó a los miembros del partido opositor Unión Patriótica.

Muchos años más tarde, vino el intento de vuestro antecesor por aclimatar la paz, mediante el desarrollo de un proceso que, en este momento se encuentra pendiente de un hilo.

Y ahora asistimos perplejos, señor Presidente, a un recrudecimiento de la violencia política ejercida no solamente contra los reclamantes de tierras, los luchadores por los derechos humanos, los líderes sociales, sino también los dirigentes de nivel medio y bajo del llamado movimiento de la Colombia Humana.

Recientemente registramos con el corazón encogido una matanza en Argelia (Cauca); y en Cáceres (Antioquia) y Tumaco (Nariño) dos mujeres, dirigentes del movimiento petrista fueron asesinadas esta semana. Todo lo cual se suma a los más de 120 homicidios cometidos contra líderes sociales en todo el país desde que se firmó la paz.

El desangre que se avecina, según puede desprenderse de la frecuencia y encarnizamiento de los perseguidores puede llegar a ser, ojalá me equivoque, de igual magnitud e intensidad a la crudelísima ola que siguió a los años posteriores a la llegada del presidente Ospina al poder.

Vos, señor Presidente, encontrasteis en las urnas un respaldo sin precedentes en la historia colombiana, lo que reviste vuestro mandato de un incontrastable manto de legitimidad. El prestigio que rodea vuestra figura joven e incontaminada con los viejos manejos de la política colombiana, os confieren un poder indiscutible.

Contareis con una mayoría aplastante en el órgano legislativo y el apoyo irrestricto de los poderosos medios de comunicación, así como el de los gobiernos extranjeros, empezando por el de los Estados Unidos de América.

Sois pues el hombre llamado a poner coto a esta vesania homicida.

Vuestras palabras serenas y triunfantes, pronunciadas el día de las elecciones tienen que ir acompañadas de acciones positivas y eficaces para parar el desangre que amenaza a nuestro adolorida patria.

Como un simple ciudadano, conmovido por el dolor que se enseñorea ya en muchos hogares, pensando en las generaciones futuras que no tienen por qué padecer otro baño de sangre como el que anegó los campos y ciudades colombianos durante los últimos setenta años, os pido, señor Presidente, que detengáis la matanza.

Yo quiero creer que en vuestro corazón no se anidan intenciones de artera impiedad, ni de rencores atávicos.

Ejerced, señor, vuestra enorme influencia, descalificando y condenando de viva voz y de cuerpo presente todos estos asomos de barbarie ominosa que se ciernen sobre la patria. Que quienes, amparados en las sombras de la impunidad, pretenden ser intérpretes de vuestros deseos o intereses, sepan, de una vez por todas, que condenáis esas prácticas infames e inhumanas y que nada tienen que ver ellas con vuestro credo, vuestro programa, vuestras intenciones, ni vuestros deseos de gobernante.

Es la hora de actuar. Estamos a tiempo de impedir una nueva “marea roja” como la que aniquiló, primero al liberalismo y luego a la Unión Patriótica.

Como en su momento lo expresara Gaitán, no se trata ahora de reclamar tesis económicas o políticas, sino de la defensa del requisito mínimo para lograr hacer este país viable, algo tan elemental como el respeto por la vida humana.

Señor Presidente Duque, todo depende ahora de vos.

 

 

Fotografía cortesía de infobae.com

( 4 ) Comentarios

  1. Excelente proclama para el nuevo presidente, quien aún no deja escuchar su protesta contundente contra estas reprochables prácticas de los asesinos, quienes dejan ver entre oscuras bambalinas, que así defienden el ideario del próximo gobierno.Duque debe rechazar categóricamente a estos criminales y el asesinato de tantos líderes sociales y defensores de DH-

  2. El clamor es generalizado, ojalá no haya heredado también la oreja sorda de Ospina y la buena puesta al servicio
    al igual que Ospina con Laureano, hoy con Uribe

  3. ReplyArleison Arcos Rivas

    Sois muy generoso, apreciado Armando, con tan pusilánime figura que habrá de regir los destinos de esta que, alguna vez, pudo llegar a ser nuestra patria.

  4. ReplyJuan Diego Agudelo Gómez

    Ese predidencialismo mesiánico colombiano me enferma. Es una bella reclamación pero ¿Esa exaltación es sátira, perfidia o estrategia de seducción? Esa forma de dirigirse a él como si fuera el redentor y el salvador… Sencillamente no. No y no ¿Por qué seguir así? Ojalá de algo sirva al menos…

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Armando López Upegui
Historiador, Abogado, Docente universitario y Maestro en Ciencia política.