Bienvenida la solidaridad

Opina - Sociedad

2016-12-03

Bienvenida la solidaridad

Los dolorosos sucesos de esta semana en el mundo del fútbol lograron lo que nos parece imposible: unir a un pueblo en torno a la solidaridad, la hermandad y la capacidad de ponerse en los zapatos de unas familias y una comunidad que a kilómetros de distancia llora la pérdida de sus seres queridos e ídolos.

El gesto que tuvo nuestra región con el Chapecoense nos mostró las más altas cualidades que podemos sacar en ciertas situaciones; olvidar por completo un torneo competitivo para honrar la memoria de un equipo contrincante; ayudar hasta agotar todas las posibilidades, en el rescate y asistencia de los que sobrevivieron;  participar multitudinariamente en un acto simbólico para evocar a las víctimas de una tragedia que nos impactó y dolió tan profundamente como si hubiera sido nuestra. La unión traspasó el sentimiento futbolero y se convirtió en una expresión llena de humanidad.

Debo decir que el 30 de noviembre se vivió un hecho sin precedentes, pues el gesto de solidaridad se extendió hacia la conciencia en detener o menguar, al menos por este año, una de las tradiciones más lamentables de la ciudad como lo es la alborada. Si bien la pólvora se escuchó en algunos sectores, en otros prefirieron elevar globos y encender velas; el resultado final fue la cifra de cero quemados por pólvora.

Al reflexionar sobre nuestra actitud como sociedad durante esta semana, vienen a la mente una serie de interrogantes, que aunque muchos dirán que no se relacionan, surgen como ejercicio para pensar en lo que podemos  —o podríamos ser—  en otras situaciones que nos tocan directamente. ¿Somos capaces de conmovernos en iguales dimensiones y sin distinguir bandos e ideologías ante una masacre ocurrida en cualquier lugar del país? ¿Nos declaramos en luto ante la violencia sistemática contra ciertos sectores sociales o por los cientos de muertos que ha puesto nuestra ciudad durante este año? ¿Por qué nos cuesta unirnos como nación ante decisiones trascendentales como la refrendación de un acuerdo de paz? ¿Habrá más conciencia sobre el valor del rival deportivo antes de agredirse entre barras?

Sé que la tragedia del Chapecoense no es ni debe ser comparable con nuestras problemáticas internas pero la masiva solidaridad que demostramos como ciudad y país, nos da una luz de esperanza, habla de que la indiferencia no nos ha dominado y puede convertirse en aliciente para enfrentar tantas situaciones difíciles que nos han vuelto resilientes pero en algunos casos, indolentes.

El miércoles pasado, por un momento, la polarización pasó a un segundo plano; en un solo sentir se articularon miles de personas en un escenario que por la intolerancia, ha dejado también muertos que llorar.

El homenaje a las víctimas del siniestro debe representar algo más que un motivo para inflar pecho como paisas  —incluso en medio del acto y en redes sociales no se hicieron esperar este tipo de comentarios —,  es la oportunidad para recuperar la fe en lo que nos une en este, un país que por tanto tiempo ha tenido la marca de la violencia.

Son recurrentes, y me incluyo, los comentarios sobre ese mal que parece endémico: que Colombia “no tiene remedio”, que hay una mentalidad inherente como sociedad que nos conduce al belicismo, pero lo que ha ocurrido durante mucho tiempo es el juego de la división en el que nos han hecho pensar que el enemigo es interno, que un compatriota que piense diferente merece ser anulado; que los de otra región, barra, partido o secta son seres humanos de menor categoría. Lo anterior explica ese comportamiento ambiguo de nuestro pueblo que es capaz de darlo todo por ayudar al otro, pero a su vez se enfrenta a una fuerte descomposición social.

Sean pues los acontecimientos de esta semana, un punto de partida para convencernos de lo que estamos hechos y cómo ello puede impulsarnos a ser una sociedad más solidaria, tolerante y pacífica.

 

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Carolina Valle
Periodista.