Basura a cielo abierto en Costa colombiana, un problema mayor

En Colombia, diariamente, se producen 32.000 toneladas de basura y el porcentaje de reciclaje es a penas, del 17%. En países como Suiza es del 95%.

Opina - Ambiente

2019-01-10

Basura a cielo abierto en Costa colombiana, un problema mayor

Según datos de la ONU, anualmente a los mares, caen 8 millones de toneladas de basura. Sumado a que según proyecciones de organizaciones internacionales que manejan datos sobre el medio ambiente, para el año 2030, habrá más plástico que peces en los océanos.

En Colombia, diariamente, se producen 32.000 toneladas de basura y el porcentaje de reciclaje es a penas, del 17 por ciento; mientras que, en países como Holanda y Suecia, la cifra es del 95 por ciento. Se estima, además, que en los próximos 4 años alrededor de 321 rellenos sanitarios cumplirán su ciclo biológico en el país. Adicionalmente, que para el 2025, la producción de basura en el mundo, habrá aumentado en un 18 por ciento, porque entre otras cosas, se prevé un crecimiento poblacional de 1400 millones de personas.

Estos datos de por sí, ya deberían encender las alarmas de los Estados, pues sin querer sonar apocalíptico, la producción de basuras en el mundo, pronto nos ahogará, si no se adoptan medidas que permitan aprovechar los deshechos y darles un tratamiento más adecuado a los residuos.

Y es que no es si no salir de paseo a alguna de nuestras playas en Colombia, para observar y preocuparse por la cantidad de materiales plásticos, vidrio y papel, que dejan los turistas en sus excursiones y, que prontamente, harán parte del lecho marino.

Uno de los funcionarios del acuario de Santa Marta, explicaba que el plástico, es ingerido por especies marinas como delfines y tortugas, luego de lo cual, experimentan una lenta y dolorosa agonía al no poder procesar dichos materiales. Preocupa también el hecho de que, en nuestros sitios turísticos, no hay una política pública para el tratamiento de las basuras que producen propios y extraños.

Por ejemplo, en el corregimiento de Capurganá, en el municipio de Acandí en el Chocó, existe un botadero de basura a cielo abierto, a las afueras de la población. El botadero es, literalmente una montaña de basura que día a día crece más, ante la indolencia de autoridades y comunidad; ni que hablar sobre lo que conlleva para la salud humana dicho basurero.

Pero como en todas partes no faltan los Quijotes, existe en Capurganá una persona que desde hace 5 meses está tratando de brindarle un tratamiento preliminar a dichos residuos. Se trata de don Jesús Ramírez quien, junto a algunas personas residentes en el corregimiento, hace la titánica labor de separar los residuos reciclables de los no reciclables, para por lo menos, palear un poco la situación caótica con el basurero.

Y así como en Capurganá, existen muchas poblaciones en nuestro país, donde el único tratamiento que se le da a la basura por parte de la comunidad, es quemarla. Generando otros focos de contaminación y poniendo en riesgo la flora y la fauna local.

Es menester que todos nos empoderemos de este problema, pues a todos nos atañe y no es cuento. Es algo real y no estamos hablando de 50 o 100 años. Los científicos hace rato nos están advirtiendo de un colapso ambiental a la vuelta de la esquina.

Pero creemos más fácil en cuentos de profetas, castrochavismo, mesías, caudillos o en invasiones zombis que en una catástrofe ambiental.

Desde esta tribuna, quiero hacerles un llamamiento urgente a las autoridades locales y al gobierno nacional, porque es imperativo poner en funcionamiento una política pública ambiental, que dé cuenta del manejo adecuado de los residuos y, de manera urgente, establecer una fase educativa pues la comunidad, es el actor más importante a la hora de un tratamiento exitoso para las basuras.

Pensemos solo en el siguiente dato:

Cada bolsa plástica que se utiliza en el mundo, tarda 500 años en biodegradarse. Y si la gran mayoría de elementos de uso diario son de plástico o también llamados desechables, ¿entonces para dónde vamos?

Pero es que desde nuestra cotidianidad podemos influir en un cambio positivo. Por ejemplo, tratar de consumir nuestros alimentos en vasijas de vidrio para que puedan reutilizarse en otra ocasión. En vez de empacar algo en una bolsa plástica, tratemos de llevarlo en un bolso o morral; y así, con pequeñas acciones, podemos cambiar significativamente y ser coadyuvantes de una transformación ambiental, que favorezca a las generaciones venideras.

Finalmente le dejo al lector una invitación a reflexionar y lo hago con una pregunta:

¿Qué planeta le dejaremos a las generaciones futuras? Ojalá uno en el que la basura no supere la población mundial. Ojalá uno en el que la conciencia por el cuidado del medio ambiente se imponga a las ansias de riqueza. Ojalá uno en el que se entienda que el desarrollismo fracasó como el modelo liberal y donde se puedan recuperar la fauna y la flora, grandes artífices de la vida en la tierra.

 

 

( 1 ) Comentario

  1. ReplyJohn Alveiro Castañeda Montoya

    Hasta donde.no.hemos.dimensionado el terrorismo que esta generando por parte de los estados y gobiernos al no generar mitigacio al tema desde políticas públicas para salvar nuestro planeta?

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Mauricio Ceballos
Mauro Ceballos Montoya (Junnio), es abogado, comunicador social-periodista, amante de la literatura, la música, la radio y los animales. persona sensible, buen amigo, alegre y optimista. le gusta hacer las cosas bien y por eso es algo perfeccionista. no le gustan las injusticias y trata de no quedarse callado, aunque a veces es difícil. tiene la costumbre de malpensar, porque dice que así está más consciente de su realidad. por último, quiere compartir con usted, este pequeño escrito que en mucho o en parte, lo condensa todo: Puro humano. Soy juez y parte, fiscal y defensor, luz y oscuridad, ángel y demonio, egoísta y altruísta, tímido y despierto, soy la duda y la razón, lo ideal y lo absurdo, creyente y necio, trasparente y mentiroso. Soy la contradicción perfecta, humanidad pura.