Amores chiviados

Estamos rodeados de amores chiviados. No quiero decir que haya uno perfecto, pero estoy cansada de ver relaciones construidas sobre bases tan débiles como “no puedo estar solo(a)” o “es que quiero olvidar a mi ex”.

Opina - Emociones

2018-05-16

Amores chiviados

Amor es una palabra profunda y estamos viviéndola superficialmente. Nos ofrece felicidad y plenitud, pero en cambio preferimos la desconfianza y el tedio que producen los sentimientos chiviados.

Chiviados, como meterse con alguien solo porque tiene plata, por darle celos a otra persona, por maldad o únicamente porque está bueno(a). ¡Oigan! Si seguimos actuando por inercia, ¡esta nos va a consumir!

Me aterra la cantidad de relaciones “ficti” que veo a diario en vivo y a través de redes sociales. Y no me refiero solo a las que duran semanas, hablo de personas que pasan años junto a alguien a quien no aman. Y es triste porque es más común de lo que parece. ¡Qué manía la de la gente de vivir solo por vivir! Como si fueran a ser eternos, como si el tiempo que pasan fingiendo les fuera a ser devuelto.

No nos mintamos, tener una relación no es sinónimo de estabilidad. Esta solo se encuentra en la mente. Muchos hablan de sus ex el 90% del tiempo que no están con su pareja y otros andan buscándole el lado a cualquiera por redes sociales a escondidas. ¿Para qué?¿Quién sale engañado ahí?

También veo noviazgos, cuyas bases son cenizas, fruto del irrespeto del pasado. Personas que, tras haber sido golpeadas física y/o psicológicamente por su pareja, regresan. Después de haber tenido el chance de alejarse, en cambio, se acercan más. ¿Por qué? ¿Cuándo aprenderá el cobarde ser humano que tiene más oportunidad de ser feliz soltero, que con alguien que ya lo ha irrespetado? Grabémonos que estar enamorado no es suficiente para ser feliz y que la historia (propia y de nuestros conocidos) nos ha enseñado, una y otra vez, que cuando algo se rompe en una relación, no vuelve a ser igual, por más que lo intentemos. Y que así sean los mismos que ayer se amaron tanto; después que uno falla, todo inevitablemente se desajusta.

Entonces, hay que confiar en el destino más que en el capricho propio. La vida va a tratar de alivianarnos la carga siempre y alejar de nosotros a esas personas que no tienen ya qué ofrecernos. Nuestro trabajo, como seres humanos conscientes, es permitirlo. ¿O mejor nos quedamos con él(la) que ya nos engañó? ¿Con él(la) que nos grita cuando se enoja? ¿Con él(la) que no nos da plenitud? No es fácil; pero, ¿qué tanto lo es vivir en una relación infeliz? Si no amamos a nuestra pareja o si lo hacemos tanto, que literalmente duele, estamos sufriendo.

Entonces, escojamos: o nos alejamos y vivimos el duelo de una vez o nos disponemos a hacerlo toda la vida de a poquitos, sin jamás volver a ser felices. Y entendamos que unos pesos de más, el qué dirán o la compañía, no dan felicidad. Nadie nos conoce más que nosotros mismos. Entonces, no nos privemos del verdadero placer de amar.

En conclusión, la plenitud no se finge. Vaciemos la cabeza, busquemos paz interior, descubramos quiénes somos realmente y qué queremos. Amemos de verdad y por favor, todo esto antes de convertirnos en viejos arrepentidos de haber pasado toda la vida atrapados en un amor chiviado.

 

 

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Lorena Arana
Comunicadora Social - Periodista, poetisa de oficio y de alma. Sobreviviente de la ansiedad y voluntaria en una fundación en la que la han mordido los perros por los que trabaja. Ahí sigue. Vacunada contra el tétano, premiada en algunos concursos. Ha escrito en periódicos, revistas, antologías y portales web. Pero, lo que más la emociona es haber lanzado su primer libro de poesía a los 30 años.