Alén

Esta es la historia de una joven que pasó toda su vida preguntándose qué quería ser. Y vaya sorpresa: quería ser hombre. Ayer era Juana, hoy es Alén.

Narra - Sexualidad

2018-03-13

Alén

Juana del Sol.

Si sabías que no ibas a venir, ¿para qué me haces venir acá? Y yo esperándote y todo… Tengo mejores cosas que hacer, no me hagás perder mi tiempo”, reclamaba la exvocalista de “Silicona Valley” a un alguien impuntual e ingrato con quien se topó en la vida. Es parte de la letra de “No me importa”, la canción más popular que tuvo esta banda caleña de rock; que, alguna vez, fue de niñas y después de niños porque en nuestra machista y hermosa lengua castellana, donde hay un hombre, todas nos volvemos transgéneros y terminamos siendo varones también. En cambio, donde hay una mujer… no importa, los hombres siguen siendo hombres, naturalmente.

“Pero, ¿por qué una banda de niñas se volvería de niños?”, se preguntarán ustedes, mis inocentes lectores. Pues, déjenme hablarles de Alén y contarles la historia de un hombre más hombre que ninguno; quien, aunque su sueño siempre fue serlo, al transformarse logró mucho más que un cambio físico; ya que, primero, viajó por su interior, peleando contra sus propios conflictos, contra la costumbre y contra el escrutinio; para convertirse en un tipo valiente, bonachón y dueño de una buena historia por contar, la cual no necesita más título que el nombre que escogió, por gusto, para sí mismo.

Serán ya tres años desde que supe de la existencia de Juana Fernández. Ella era: “Cookie, la guitarrista de Silicona”; banda que, por cierto, ya no existe. Delgada, cabello corto y negro, piercings, tatuajes hasta en el cuello, ropa ancha, pinta moderna, cara de niño lindo y un curioso lunar en el ojo izquierdo que le luce… Sueño de muchas siempre fue. Yo solo sabía que tenía un perro y dizque, a veces, lo sacaba a rumbear, que era buena gente y que le gustaba pintarse barba en los toques.

Un día, “Juana del Sol” cambió su nombre, en Facebook, a Alén Fernández. “Otro capricho de lesbiana”, pensé.

Pero, lo que yo, y muchos, ignorábamos era que se trataba de un cambio radical de identidad, con toda una historia detrás y reflejado en algo tan banal como el nombre con el que aparecía en una red social.

Los chismes empezaron a correr, como es natural en nuestra cultura criolla, constantemente escandalizada: Que Juana se estaba inyectando testosterona, que ahora se creía hombre… Mejor dicho, voy a contar esta historia desde una sola verdad, la cual me quedó después de pasar algunas agradables y enriquecedoras horas charlando con él, en la terraza de la casa de su madre (barrio Miraflores, Cali), donde se recuperaba, a cuatro días de haberse realizado la masectomía o extracción de senos, mientras se ponía hielo en su nuevo y masculino pecho, consentía a sus tres perros y se reía constantemente.

Alén es un ariano del 6 de abril, al que le ha costado los 23 años que lleva en este mundo encontrarse con su verdadero “yo”; al que ahora tiene la alegría de ver sonriente, a diario, en el espejo; acompañado de vello grueso, nueva ropa, barba y un corazón feliz; que fue lo que, desesperadamente, siempre buscó.

Su papá se llamaba Helios Fernández y fue un famoso actor español que se consideraba a sí mismo caleño y que murió en 2004, a la edad de 64 años. Tiene dos hermanas: una por parte de él y otra de padre y madre. “Mi mamá siempre tuvo el control remoto en la mano”, cuenta entre risas. ¿Por qué será?

“Tengo recuerdos de cuando tenía cuatro o cinco años y todos son: ‘¡Ay, eso es de niña! ¡Eso es de niño! ¿Usted por qué hace así, por qué se viste así? ¿Por qué le gusta esto? Siempre encontré represión y un problema ahí’”; cuenta, ahora, este hombre industrial, que alguna vez se llamó Juana: la niña que se juntaba con los niños, era tildada de marimacho y que, al ir creciendo, desarrolló una enorme tendencia a la depresión y a la soledad; la misma que se fue canalizando hasta llevarla a ser una persona extremadamente espiritual y analítica y a sentir, constantemente, que algo le faltaba o que le sobraba; que algo, en ella, estaba roto; lo cual, con el tiempo, le empezó a robar horas de sueño y terminó reflejándose en el estilo acelerado de vida que comenzó a llevar, lleno de drogas, alcohol y desorden.

Sus inolvidables 14 años la cogieron en España, donde vivió dos años y medio con sus padres; inolvidables porque, primero, fue la edad en que descubrió su homosexualidad y segundo, porque se estiraron tanto en el tiempo, que le alcanzaron para conocer todos esos excesos. “Yo con 14 años, dije: ‘esta edad nunca la voy a olvidar’”, recuerda y también califica de “pendejada” el, alguna vez, haber tenido novio.

En 2011 y tras dos años y medio, terminó con su exnovia Camila, quien fue la primera persona que conoció a Alén y la principal testigo de su transformación. “Me acuerdo que, una noche, estábamos viendo el programa de trans de Tabú y yo le pregunté: ‘¿Vé y qué pasa si yo te digo que soy así?’, a lo que ella respondió: ‘Ah, yo no sé, yo soy lesbiana’. Igual, no me dejó, ni nada de eso. Tampoco fue por eso que terminamos. Pero, ella sí fue increíble con el tema. ¿Qué podía hacer? Pues, apoyarme”, cuenta.

“Tabú Latinoamérica” era un programa de Natgeo en el que se trataban, precisamente, temas considerados tabú para la sociedad. Al especial sobre transexuales lo pasaron en 2010 y a propósito del tema y por si, mis queridos lectores, para su inocencia aún no es claro; vale la pena aclarar que Alén es un hombre transgénero y con el patrocinio de Wikipedia, este término “suele interpretarse como una forma de expresión de la sexualidad de una persona que difiere de su género biológico y lo que la sociedad le ha asignado a este”. Esta prestigiosa fuente también habla sobre el proceso de transición de los “trans” para adaptar su cuerpo al género que sienten como suyo, que incluye la operación de cambio de sexo. Pero, dice que, a este punto, el cambio ya se ha dado en la psique de la persona, la cual pasa a ser transexual.

Bueno, pero retomando la historia, Camila tenía 16 años cuando empezó la relación con Juana y a pesar de su corta edad, supo lidiar, pacientemente, con la carga emocional que significó, para su novia, convertirse en Alén; quien, de hecho, dice que uno de los efectos secundarios de ingerir testosterona (que es, en teoría, la receta básica para ser hombre) es el malgenio y que en su caso particular, eventualmente llegó al desespero, agregándole una gran depresión. Además, teniendo en cuenta que, para Camila, era la primera vez que tenía a un hombre como pareja. “Ese conflicto lo tuvo mientras estuvimos juntos. Pero, ella lo que tenía era un respeto hacia mi increíble con ese tema porque, al final, un día le pregunté: ‘Vení, la verdad, ¿a vos te afectó?’ y me dijo: ‘¡Claro que me afectó! Pero, no te iba a decir’. ¿Pa’ qué? Igual, no me iba a terminar por eso. Entonces, era una cosa más de ella”, explica él.

“No te acostés conmigo como si yo fuera una mujer” es ahora la exigencia de Alén cuando va a estar con alguien; la cual, según dice, hace que “todo cambie”. Con Camila tuvo muchas conversaciones sobre qué prefería, cómo se sentía más cómodo, qué le gustaba y qué no. Aunque, por este lado, las cosas se deterioraron. Ahora tiene como pareja a una mujer bisexual y agrega: “Hay cosas que me gustan más. Pero, eso es muy relativo porque, como yo también me siento mejor conmigo; a medida que uno se siente bien con uno, disfruta más de la vida”.

Juana siempre se sintió como “el hombre” en sus relaciones. Pero, no al extremo. Las vivió tranquila, como mujer, sin tapujos, ni traumas. Otra cosa que menciona es que el tránsito ha sido algo que lo ha vuelto más selectivo con las mujeres, por todo lo que implica y tiene que revelar ante ellas. ¡Casi la historia de su vida! Mientras Juana nunca tuvo tantos reparos.

Receta para convertirse en súper hombre.

¿Súper hombre? ¡Claro que sí! Hay que tener muchos “cojones” (que a muchos les faltan) para tomar la decisión de vivir un sueño y en este caso, por ejemplo, podemos imaginar que no es fácil y al contrario;que de mujer a hombre, hay mucho trecho físico, psicológico y social. Pero, para Alén, ese solo ha sido el camino empedrado hacia su felicidad y como han podido leer, orgulloso recrea cada una de las particularidades y etapas de este proceso que le ha dado vida y desafíos a su vida, lo ha enriquecido como persona; ha atentado contra su inercia, impidiéndole depilarse las piernas; le ha dejado estrenar un nuevo juguete llamado barba y pronto, le permitirá quitarse la camisa y tirarse a una piscina sin reparos.

Pero, el nudo de esta historia es el inicio. Al parecer, para ser hombre, lo primero que hay que hacer es sufrir mucho y recordemos que Juana era depresiva. Cuando descubrió qué quería ser y hacer o mejor dicho, quién: Alén; volvió a sentirse mal porque, con todo lo que requirió encontrarse consigo mismo y tomar la decisión de cambiar, solo había recorrido la mitad del camino. Cuando se vio como un adulto, capaz de tomar sus propias decisiones, creyó descansar y saber todo lo que tenía que hacer.

Pero, “luego, empieza el rollo. Uno empieza a pensar: ¿Quién me va a dar trabajo? ¿Cómo le digo a mi mamá? ¿Cómo es ser así en el mundo? Vivo en Cali, aquí me conoce todo el mundo, la banda. Entonces, surgen un montón de cosas que uno no sabe cómo afrontar. Yo ya no tenía ningún problema conmigo, ya sabía lo que quería ser y había descubierto lo que no me dejaba estar conforme conmigo. Porque nunca fue algo estético. Yo decía: ‘Yo como vieja, marica, soy muy bonita, punto’. Pero, si no es lo que vos querés ver, si no es lo que vos te sentís, nunca, nunca, vas a ser feliz y si uno no descubre eso, no sabe de dónde viene, no puede solucionarlo. Entonces, me volví a deprimir porque ahora no sabía qué iba a hacer”, relata.

El estudio fue otro damnificado de sus conflictos existenciales; que, en un momento, lo aislaron de todo, incluyendo las aulas. Dándose una tercera oportunidad con Diseño Gráfico, se dio cuenta de que no podía con su carga emocional más la académica y terminó llorando en el carro de una profesora, contándole su verdad. “Le decía: ‘profe, es que yo quiero ser un niño’ y ella me respondía: ‘Pero, ¿cómo así? Usted puede”, cuenta nuestro protagonista.

Un día Juana, en un ataque de histeria, le dijo a su mamá que quería irse una semana a un hospital psiquiátrico y así lo hizo. En aquel lugar, no habló con nadie sobre sus conflictos, pero recibió antidepresivos. Dice que necesitaba, simplemente, no pensar en el gran estrés que le generaba reconocer todas las variables que implicaban el cambiarse de género porque, en sus propias palabras: “Vos comenzás a caer en la cuenta de cómo marca el sexo en muchas vainas de la cotidianidad, como ‘¿a qué baño voy a entrar?’¡Y eso, realmente, es un conflicto, uno no saber a qué baño ir! Entonces, salir a la calle se empieza a volver un problema porque no sabes cómo vas a hacer”.

Al final dice que, definitivamente, con tantas pepas, “uno o se relaja o se relaja”, así que funcionó y que cuando salió, ya sabía qué lo que tenía que hacer y empezó a buscar información. Contactó, por Internet, a otros trans de Bogotá y Estados Unidos. Averiguó sobre la testosterona y le empezó a contar a su mamá al respecto; con quien asegura que lo habla todo. “Ella me decía: ‘Ay, pero ¿qué le pasa?’ Y yo: ‘¿Realmente, querés saber qué me pasa? Me preocupa que no sé dónde se compran las hormonas’. Yo le empecé a decir: ‘Vé, esto está pasando, lo siento si no querés escucharlo. Pero, si me preguntás qué me pasa, eso es lo que me pasa”, recrea Alén y comenta que su mamá actuaba muy desentendida del tema, como creyendo que era un juego; mientras su nuevo hijo empezaba, sin decirle a nadie, con las famosas inyecciones de testosterona; que, clínicamente, a veces se les inyectan a hombres con déficit de esta hormona y otras, incluso, a mujeres.

¿Y cómo se trafica? La tienen en cualquier droguería. Viene en pastas e inyecciones, que se venden sin prescripción médica a $13600, el precio de la felicidad para algunos.

Alén optó por la Internet como fuente de información porque cuenta que no hay grupos o fundaciones de apoyo médico o psicológico para hombres como él; que, en su caso, tuvo la fortuna que le brindó su propia cabeza y su fortaleza para sobrellevar las cosas; que se presentó a consultorios médicos, buscando que le aprobaran la masectomía por la EPS. Pero, que solo encontró críticas y doctores temerosos de su caso.

La doctora caleña Luisa Blandón confirma que las EPS no financian este tipo de procedimientos. También, dice que, previo al tránsito, los pacientes deben hacerse exámenes que garanticen que están en condiciones adecuadas; que uno de los riesgos es la posibilidad de desarrollar tumores en la glándula hipófisis y que en el caso de que ya exista uno, puede crecer. También menciona el caso contrario o “Síndrome de Androginismo”, el cual hace que las personas desarrollen características físicas del sexo opuesto; mientras, psíquicamente, sí se sienten en el propio. ¡Cómo es el mundo, no!

“Mi mamá es muy hippie. Para ella era sol – luna, agua – tierra, masculino – femenino. Entonces, me preguntaba: ‘¿Por qué querés transformar tu cuerpo? Pero, lo bonito que hizo ella fue que empezó a buscar cosas que pasaban en la naturaleza. Entonces, llegaba un día y me decía: ‘Ay tal pescado es como usted’ o ‘una comunidad indígena practica ese mismo rollo suyo’. Así fue el proceso de familiarización con el tema que tuvo ella”, cuenta Alén; quien, además, asegura tener buenas relaciones son su familia.

Por otro lado, empezó a contarle a sus amigos más cercanos, esperando que la bola se regara y cuando no se sentía bien en un lugar, simplemente, se iba. Por ejemplo, ya no le gustó pertenecer a un equipo femenino caleño de Ultimate precisamente por eso, por ser de mujeres.

En cuanto al proceso físico, casi todo ha sido bien recibido por él; con excepción del detalle de las piernas y del vello grueso, en general; que fue lo primero que apareció. Pero, sólo, sin ningún otro cambio; ya que el suyo ha sido un proceso lento y así seguirá porque Alén siente temor de acelerarlo subiendo su dosis de testosterona; al recordar que su ritmo de vida no fue el más sano antes y que el hígado puede resultar afectado. Por eso, también, se supone que no debería consumir alcohol durante el tránsito.

Frente al desafío de estar lleno de pelos, pero aún no tener barba y conservar sus rasgos femeninos; Alén sentía temor de salir a la calle y encontrarse con gente conocida. Para enfrentarlo, viajó durante una semana en MIO, en camisa esqueleto, sin depilarse absolutamente nada y exhibiendo la venda con la que tapaba sus pequeños senos. “Y todo el mundo me miraba y yo: ‘no me importa, no me importa, no me importa’; hasta que, realmente, empecé a sentir que no me importaba”, comparte su efectiva estrategia.

Y ese era, en parte, el afán por tener barba: verse más definido como hombre; que, en lo posible, no lo confundieran. De hecho, aprovechaba las presentaciones de la banda para pintársela y salir a tocar así. “Yo siempre he hecho ejercicios. Cuando no puedo aceptar algo, lo exteriorizo para sentirlo más y poder decir de verdad ‘no me importa’. Y esa era una manera, también, de que la gente se empezara a dar cuenta de lo que yo sentía. Entonces, ¿desde dónde lo hacía? Desde donde podía. Nadie me va a decir nada porque eso es allá, una tarima. Uno puede sacarse un moco y es una chimba. De manera que me aproveché de eso”, cuenta Alén y por todo eso, desde junio se siente como un niño estrenando juguete con su nueva barba y planea “hacer de todo” con ella.

Ahora sí, la cirugía. ¿Fecha? 22 de octubre. ¿Precio módico? Los $3.500.000 que ahorró en compañía de su familia. ¿Con quién? La cirujana Paola Kafury de Imbanaco, para quien era la primera vez que atendía un caso de este tipo. Aunque, según decía, el procedimiento es parecido al que se le realiza a hombres que sufren de Ginecomastia o el “engrandecimiento patológico de una o ambas glándulas mamarias en el hombre”; que, en ocasiones, se da por obesidad.

Y un último desafío: la inercia de la gente, para quienes lo que fue, siempre será; la costumbre de tener al frente a una mujer y así reaccionar. Yo misma confieso que vacilé, incluso durante la entrevista. Al respecto, él dice que es consciente. Pero que, cada vez, pasa menos por el cambio que se va viendo en él y agrega: “Al final, entendí que esto se trataba, más de tenerle paciencia a los demás, que de pretender que los demás me entendieran a mí”.

Post  V-Alén-tía.

“Yo siento que soy otra persona”, dice Alén; a quien, ni en sueños, lo dejará su v-Alén-tía. Con ella, ha tocado límites propios y ajenos. Escarbó en lo más profundo de su ser, hasta encontrar la felicidad y luchó por ella.

Hoy está más allá, que acá. Ya fue a la notaría, pagó $60000, conservó su apellido (Fernández) y dejó de ser Juana para convertirse en Alén. Aunque, legalmente, su sexo sigue siendo femenino y según la abogada Luz Dary González, de la Unidad Central del Valle (Uceva), no se trata de un caso muy común “en los estrados”. Pero, desde que una persona se realice la cirugía de cambio de sexo (a nivel genital), su nuevo género será reconocido por la constitución colombiana. No, simplemente, con una operación como la masectomía.

Alén ha pasado tantas cosas; que, incluso, una doctora de la EPS, a la que acudió con el deseo de que le financiaran la masectomía, le dijo que no se la hiciera porque era ilegal. Sin embargo, ahora, oficializarse como hombre no es un tema que lo trasnoche y se podría pensar que, para él, lo más importante fue hacerlo interiormente. Sí siente que le facilitaría un poco las cosas. Pero, admite que ya se ha acostumbrado a esa incongruencia entre él y los formalismos. Al respecto, cuenta: “Siempre que me toca pasar la cédula en algún lado, advierto: ‘Pues, no te vas a asustar, ¿no?’. Se vuelve ya una cosa chistosa”.

El día de la entrevista, nos acompañaban dos personas en la casa de su madre: Mi amigo Alejandro y Junny, uno suyo, trigueño, delgado y de cabello negro lacio; que, unos minutos después de empezada nuestra charla, se fue y resultó estar, también, en tránsito. Pero, solo desde hacía siete meses, Aunque, con una mayor intensidad de testosterona y yo, amables lectores que han llegado hasta acá; les juro que, ni a mi amigo, ni a mí, se nos cruzó por la cabeza, un solo segundo, que fuera trans. De hecho, hasta tenía la voz más grave que Alén.

Ellos dos van a todas partes juntos en la moto de Junny. La policía nunca los ha parado. Pero, ahora, que estamos tocando temas legales, sabemos que está prohibido llevar parrillero. Su amigo, alguna vez, le preguntó: “El día que nos paren ¿Qué decimos?”. Pero, Alén, solo le respondió: “Pues, le echamos la carreta al policía. ¡A mí no me importa!”.

¡Hay cosas que son chistosas!”, dice.

Otro recuerdo suyo curioso viene del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez de este año, durante el cual se encontró a una ex pareja. Pero, en este caso, un hombre, que se acercó y le dijo: “Usted es muy bonito como niño”. Él le preguntó: “¿Cómo así?” y el extraño heterosexual respondió: “Sí, usted es bonito como sea”. ¡Será por eso que Alén dice que siempre se mete con personas de mentalidad muy abierta!

Juana nunca fue “enclosetada”. Demostraba, libremente, afecto, con sus parejas, en la calle y aun siendo Alén, sigue sintiendo todas las miradas sobre él. Dice que, socialmente, nunca ha notado la diferencia entre ser lesbiana y ser un hombre. “Sí siento que la gente mira menos. Pero, siempre me ha pasado. Antes me miraban por gay y ahora, igual, me miran. Pienso que es porque tengo tatuajes o porque la gente dice: ‘¿Pero, qué pasa? ¿Qué es o qué?’”, afirma.

En diversas formas, Alén siempre será un hombre especial, por su historia, su proceso y su calidad humana. Y todo eso se refleja en la manera en que se comporta. Él mismo acepta: “Después de diez minutos, cualquiera nota que soy diferente”. Por ejemplo y a diferencia de Junny, prefiere mil veces pasar tiempo con mujeres, que con hombres porque es a lo que Juana estaba acostumbrada. Dice que se aburre y se cree incapaz de sincronizar sus hormonas con ellos, al punto de pararse en la calle, exclusivamente, a admirar cuanta nalga y escote pronunciado se contonea por ahí. De hecho, dice que eso le parece horrible. Además, nota y le incomoda muchísimo que, un rato después de empezar a hablar con uno, éste siempre empieza a distraerse, como si lo analizara y tuviera la impresión de que es gay y le está coqueteando. En estos casos, ha resuelto, simplemente, explicarle en sus propias palabras: “¡Ay, no, mirá, soy así y asá! ¡Eso es lo que te parece raro en mí! ¡Punto!” o en el mejor de los casos, que lo sepan desde antes.

Él cree que esto pasa por la cultura, el estereotipo machista del hombre colombiano y la creencia de que el que se salga del molde, es raro y claro; por haber sido Juana, por más lesbiana que fuera, era mujer y su esencia, tal vez, siempre lo acompañe y suavice, un poco, la masculinidad de Alén.

Actualmente, colabora en la administración del restaurante de su hermana y se desempeña en la barra de un bar. Dice que sus compañeros de trabajo saben de su proceso y que aunque lo llegaron a confundir con un metrosexual (hombre demasiado vanidoso), simplemente el tema no se toca. Entre risas, cuenta: “Todos, de repente, me empezaron a poner la mano en la espalda porque seguro piensan: ‘No, pues, tiene tetas. Pero, ¿cómo se las esconde, entonces?”

La barba, por ser una característica masculina exclusiva, le ayuda a fortalecer su apariencia. De hecho, cuenta que, una vez se fue a laborar después de afeitarse y cuando menos pensó, un hombre lo estaba cortejando con frases como: “Sos una niña muy bonita”, mientras él se quejaba con su compañera de trabajo: “Ves? ¡Esto es porque me quité la hijueputa barba!”

Como él, su guardarropas también ha cambiado. Aunque, no el hecho de siempre querer verse bien. Antes, detestaba comprar ropa, le parecía incómodo y ahora, para él, es un gran placer. Desde los 17, usa prendas de hombre, por influencia de una exnovia, que siempre quería que luciera bien y esto resolvió un pequeño problema que tenía con la de mujer: “La curva de la cintura, yo no la podía soportar en las blusas”, recuerda.

A la hora de preguntarle por el ritual de aseo diario de la humanidad en la ducha, dice que no rechaza nada de lo que ve y que, en cambio, acepta y siente cada parte de su cuerpo. Tiene serios planes para su futuro. Quiere estudiar Medicina y ser Endocrinólogo. Pero, esto va de la mano con el sueño que comparte con Junny de crear una fundación que brinde información vital y apoyo a hombres transexuales. Alén sabe que, en Bogotá, hay grupos. Pero, que van por el lado social y político. “Lo otro es muy necesario. Yo he tenido la suerte de saber lidiar con las cosas y que no me importen, pero hay gente que no”, comenta y resalta que todos los gastos de su tránsito han corrido por bolsillo propio y de su familia.

También, confiesa que lo tranquiliza saber que no tiene afán para cumplir esos propósitos. Anteriormente, su plan era estudiar Psicología. “Yo decía que iba a estudiar Psicología cuando tuviera treinta años porque me iba a sentir capaz de decirle a la gente algo de verdad”, revela.

Espera su vejez como la mejor etapa de la vida, llena de tranquilidad, prosperidad y sabiduría; sin afanes y con la mejor salud, en lo posible. “Con la barba y el pelo blancos y con tatuajes”, se imagina. También, a pesar de todo, durante la entrevista, dejó muy en claro que, en muchos aspectos, no le importa lo que piense la gente y que confía ciegamente en que “el que a uno lo quiere, lo quiere”. Sin embargo, anhela siempre conservar una buena imagen. De igual manera, a quienes lean su historia, les aconseja: “Vayan siempre al fondo, a la verdad. Conocerse es la única manera de ser feliz y de estar tranquilo, en cualquier lugar. A vos te pueden decir lo que sea y si vos sabés qué es y qué no, no te afecta”.

Y para terminar esta historia de vida, le hice una última pregunta a Alén:

“- Ahora, ¿quién es Juana para vos?

-Digamos que Juana es mi inconsciencia.

– ¿Por qué?

– Porque Juana estaba loca, triste, perdida…”

( 5 ) Comentarios

  1. Lore, qué buen artículo. Hice parte de esa transición, de las mujeres que jugaban ultimate y escuchaban a Silicona!! Luego, años después, fui testigo de cómo incluso hombres gays le coqueteaban a Alén.
    Me encanta esta crónica, creo que desde las letras creas conciencia y cultura de respeto hacia la diversidad.

  2. Bien por Alen. ¡Qué inspiradora esta historia! Mis mejores deseos. No hay nada mas satisfactorio en la vida que ser quien realmente eres y hacer lo que te hace feliz. ¡Estas muy guapo! Jejeje

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Lorena Arana
Comunicadora Social - Periodista, poetisa de oficio y de alma. Sobreviviente de la ansiedad y voluntaria en una fundación en la que la han mordido los perros por los que trabaja. Ahí sigue. Vacunada contra el tétano, premiada en algunos concursos. Ha escrito en periódicos, revistas, antologías y portales web. Pero, lo que más la emociona es haber lanzado su primer libro de poesía a los 30 años.