2018 y aún no hay carros voladores

El enigmático futuro hoy lo tenemos tangible, a nuestra merced, a un solo clic (o pinchazo con el dedo en el celular). ¿Cuántas cosas absurdas nos imaginábamos? 2018 y aún no hay autos voladores. Tal parece que se canalizó por otro lado. Pero, Internet, un milagro. Eso sí nunca lo pensamos.

Opina - Medios

2018-02-05

2018 y aún no hay carros voladores

Nuestro mundo fue alterado y parece que para siempre. Nos inundan las intrépidas tecnologías de la información y su emboscada de tentaciones, los buenos y malos hábitos que han traído. Somos su generación contemporánea, sus principales testigos, víctimas y colonizadores. El mundo parece que ya estaba bastante adelantado cuando nacimos y sigue pareciéndolo. Increíblemente, somos apenas la edad de piedra y base para esta gran era tecnológica que empieza y al mismo tiempo, el inimaginable futuro para las que ya pasaron. Pero, vivir en él, ¿es más fácil o más complicado?

Tenemos una envidiable perspectiva, somos el futuro hasta ahora. Casi cada segundo de nuestro día sería un suceso inaudito para alguien que viajara en el tiempo desde la época medieval. Caminamos este laberinto que la innovación nos construye, viviendo cada una de sus manifestaciones de la forma más natural, evolucionando en cuestión de meses; aunque cabe decir que, como las personas, el ritmo y la velocidad pueden variar.

Sin embargo, detengámonos un rato a pensar qué nos ha traído este fenómeno sociocultural y psicológico de las tecnologías de la información que, hoy en día, llueven por doquier. Esta accesibilidad acelera todos los procesos, pero aquel exceso de información puede no ser sano y por amplio, salirse un poco de control.

Pongo como ejemplo mi experiencia. Yo era una niña de siete años cuando Internet apareció en mi vida y sinceramente, en esa gran nube aprendí todo lo bueno y lo malo, cada cosa a su tiempo, aunque demasiadas para mi gusto. Todo lo que mis padres jamás me hubieran enseñado, estaba ahí, a la orden, como a perder la inocencia. Porque el diablo es sabio y cosas multifacéticas e Internet, proporcional a las horas que se le dedique. Un medio muy agradecido, en el que lo que se busque se encuentra. Y gran parte de lo que colonizó nuestra mente alguna vez lo hizo por medio de él o claro, de los medios en general; ya que somos una generación educada por ellos.

¿Son perjudiciales estos maestros? No sé, tal vez se le deba preguntar a tantos que han pasado de estudiantes a magnicidas una mañana en el High School de dónde sacaron sus ideas y tal vez, respondan: “De un demonio llamado televisión”. Claro que no se puede generalizar, ni hay fundamento que valga, obviamente.

Ahora me pregunto: ¿La de ahora será una infancia sana? o ¿La tecnología altera el curso natural del destino? Este tema trae muchas preguntas difíciles de contestar. Lo único cierto es que para bien o para mal, hoy estamos aquí y parecemos personas normales. Tal vez, tuvimos suerte y a Dios de nuestro lado, no como aquellos magnicidas. Pero, que Él se apiade del mundo educado por los medios, generación tras generación.

Todo este fenómeno nos está robando vida, ya la infancia no parece la misma de antes. Perdió su mágica esencia y la vida en general. Por ejemplo, ahora se nos van decenas de horas diarias frente a un ordenador o mirando la pantalla de nuestro celular. ¿En qué momento la existencia se volvió tan estática y el cuerpo pasó a ser solo manos y ojos?

Hasta problemas de salud trae porque él fue creado para moverse, llevarnos lejos y estamos inhibiéndolo, actuando contra su naturaleza, además de perdiendo la noción y el sentido de los días y de mucho más, hasta de la cordura en ocasiones, cuando algunas personas se obsesionan y terminan convertidos en retraídos sociales, ya que su vida se resume en una enferma adicción a la tecnología; la cual hoy, de manera pasiva, es casi una enfermedad masiva que, disimulada, va por el mundo reclutando mentes.

Ana María Chávez Niño y Diana Carolina Vargas, nombres de colombianas para recordar, símbolos de la peor aplicación de las tecnologías de la información. Perdieron la vida hace algunos años y la conexión con sus asesinos no fue otra que Facebook. ¿Hasta qué punto se puede llegar? Y eso no es todo, solo es cuestión de googlear “asesinato Facebook”, por ejemplo y se revelan, como si nada, datos absurdos de cientos de casos similares. Pero, bueno… a Google nada le extraña, ¿no?

La maldad es astuta y acosa por cualquier orificio. Ya no solo toca a la puerta, sino, que hasta puede transformarse y llegar en la inofensiva forma de “add” o de “seguidor”. Y valiéndose, por ejemplo, del vulnerable corazón o de la amabilidad de una adolescente, entrar en su vida a hacer estragos.

Pero, ¿qué se le hace? La tecnología es un elemento irreemplazable del ahora y se ha convertido en el centro de nuestra realidad.

Cuánto vivimos gracias a ella (con un poco más de suerte que Ana María y Diana Carolina). “Le debemos mucho” y sí, trae cosas buenas. Pero,  Internet (su máxima expresión), por ejemplo, ha atentado contra todo: la integridad, seguridad y salud mental de la gente. Además que es el reflejo perfecto de la sociedad y como tal, contiene toda clase de espacios e incluye a cualquier tipo de persona. Y aquí estamos, frente a él, día tras día, vulnerables física y psicológicamente.

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Lorena Arana
Comunicadora Social - Periodista, poetisa de oficio y de alma. Sobreviviente de la ansiedad y voluntaria en una fundación en la que la han mordido los perros por los que trabaja. Ahí sigue. Vacunada contra el tétano, premiada en algunos concursos. Ha escrito en periódicos, revistas, antologías y portales web. Pero, lo que más la emociona es haber lanzado su primer libro de poesía a los 30 años.