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Un niño grande jugando a ser presidente con sus amigos

Ojalá que este país desmemoriado, no se le olvide recordar que hubo una vez en su historia reciente, un "niño grande" que fue presidente y que se la pasaba jugando con sus amiguitos a serlo.

Por Mauricio Ceballos - - 47230 0
Un niño grande jugando a ser presidente con sus amigos

Columnista: Mauricio Ceballos Montoya

 

Colombia; ese país ubicado al norte de Suramérica, donde la realidad supera con creces a cualquier tipo de ficción. Donde las narrativas más increíbles suceden a diario en las oficinas y despachos públicos.

Sí, es aquí en Colombia donde desde hace año y medio asistimos a un juego. Una suerte de aprendizaje sin precedentes donde un "niño"mdizque muy simpático, juega a ser presidente de un paisito.

Sí, es aquí en Colombia donde estamos escribiendo la historia oficial de los incompetentes. La historia de aquellos cánceres de una sociedad basada en el “contacto”, la “flecha” o en un argot más popular, “la rosca”; y es que no hay otra explicación para que el presidente Duque esté en el cargo. Pues en algún momento, quizá cuando se sentó al lado del "innombrable" en el Senado, este pensó que le podría servir en el gobierno, para mandar en cuerpo ajeno.

Y lo consiguió. El buen Iván, ha hecho todo lo posible para dejarse mandar o como dirían en Antioquia, “mangoniar” del presidente eterno.

Pero dejemos esa situación de subyugación ahí quieta por el momento.

El buen Iván ha demostrado de sobra que es un incompetente para el cargo que ostenta y que no quiere ni le interesa “aprender” pues ya ha pasado más de un año de su gobierno y aunque indulgentemente la revista Semana dijo que estaba en fase de aprendizaje, parece que las clasecitas no le han servido para nada a este niño grande que ocupa el solio de Bolívar.

Basta con mirar detenidamente un par de hechos ocurridos recientemente en el país: la semana pasada, el autoproclamado presidente de Venezuela Juan Guaidó, otro que no manda ni debajo de la cama, visitó al niño Duque en el Palacio de Nariño y no tenemos que hacer un esfuerzo desbordante para imaginar —o tal vez sería mejor decir, adivinar— la conversación que tuvieron este par de badulaques, que dicho sea de paso, está bastante bien retratada en la columna del domingo pasado de Daniel Samper Ospina.

A lo que me quiero referir, es a que el buen Iván, parece jugando a ser presidente. Con sus actitudes, discursos enlatados con frases hechas que no conducen ni reflejan nada, con sus actuaciones de segunda en una escena principal y con su importaculismo rampante a la hora de tratar cualquier tema serio.

Pero ahí radica su ventaja. Es un incompetente que en menos de cuatro años, se pensionará como expresidente y con menos de 50 años, no tendrá que preocuparse por trabajar un día más en su vida. Ese chabacano que tenemos por mandatario, es quizá el reflejo de muchos miembros de nuestra sociedad, que ocupan cargos importantes pero no tienen idea de lo que hacer.

¿Cuántos jefes hay en el sector público o privado, que no tienen idea del porqué ostentan su cargo? Que simplemente están ahí porque alguien con más poder o influencia los puso para servirse de ellos. Lo grave en este caso, es que son los destinos de una nación y que con ellos no se juega.

El segundo hecho que quiero analizar, es la noticia de la captura por parte de la policía venezolana de la sindicada Aída Merlano y el correspondiente ridículo del gobierno Colombiano, al pedirle la extradición de la procesada al autoproclamado Guaidó.

¿Qué es esto? ¿Cuándo se lanza esta serie en Netflix? La respuesta más que obvia no se hizo esperar por parte del presidente de juguete de Venezuela.

Y es que eso me recuerda la infancia, como cuando uno jugaba y resultaba discutiendo con el amiguito y en algún momento como gesto de paz, todo se solucionaba con un “eran mentiras, estábamos jugando” porque la respuesta de Guaidó no pudo ser más contundente.

"Para ese tema de extradición y esas cosas más serias, diríjase al presidente Maduro". Y aquí en este punto, como cualquier libreto para un programa de humor en radio, diríamos entran risas. Ja, ja, ja.

Como sería de risible tal ridiculez, que hasta el mismo Nicolás Maduro ironizó en su declaración diciendo: pido permiso para no reírme y a mí, simple observador, solo me queda sentir pena porque ni risa me da. Solo espero, al igual que Vargas Lleras y los demás presidenciables, que como la maldita primavera, pasen ligero estos dos años y medio que faltan, para que al buen Iván se le termine su jueguito.

Que pasen rápido estos meses de ridículos e improvisaciones, para que el uribismo termine de caer. Que se vayan volando estos días de estupideces y mal gobierno, para que Colombia por lo menos, tenga la esperanza de cambiar así sea solo en el papel.

Ojalá que este país desmemoriado, no se le olvide recordar que hubo una vez en su historia reciente, un niño grande que fue presidente y que se la pasaba jugando con sus amiguitos a serlo.

 


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