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Los campesinos, héroes del Sumapaz

Los expertos calculan que la recuperación de los daños causados en el páramo tardará por lo menos unos 30 años.

Por Simón Delgado Marulanda - - 47669 0
Los campesinos, héroes del Sumapaz

Columnista:

Simón Delgado Marulanda

 

Hasta hace unos días muchos colombianos no tenían ni idea de que en su territorio se encontraba el Páramo de Sumapaz, catalogado como el páramo más grande del mundo. Lamentablemente, se enteraron de su existencia porque después de tres días de arder en llamas, los medios de comunicación se dignaron a reportar lo que pasaba en la reserva natural más importante para el departamento de Cundinamarca, lugar esencial para surtir las cuencas de los ríos Magdalena y Orinoco, dos de las principales fuentes hídricas de Colombia.

El Sumapaz cuenta con una extensión de 333.420 hectáreas en las que solo 142.112 están protegidas por Parques Naturales. En su interior habitan osos de anteojos, venados, águilas, cóndores, y una gran cantidad de anfibios. Es el escenario de varias lagunas de origen glacial, entre las que se encuentran, Boca Grande, Chisacá, La Guitarra, El Cajón y el Nevado. Esta reserva natural hace parte de los 36 complejos de páramos que tiene el país; el 89 % de ellos son páramos húmedos, que se convierten en verdaderas fábricas de agua, al proveer el 70 % de la que se consume en Colombia.

La importancia de dichos ecosistemas es indiscutible. Dentro de estos se encuentra gran variedad de flora y fauna, convirtiéndose en uno de los principales factores que le dan estabilidad y equilibrio al planeta Tierra; muchas plantas y animales son nativos de estos lugares y sus vidas dependen de la conservación de los mismos. Ejemplo de ello son los frailejones, los cuales son de vital importancia para el páramo, pues estos capturan agua de la neblina y del rocío de la mañana, lo almacenan y, de allí, alimentan las fuentes hídricas; actualmente existen 90 especies, pero más de la mitad se encuentran en peligro.

Para mala suerte del Sumapaz, el lamentable incendio del que fue víctima en los últimos días se da en medio de un Gobierno que defiende el fracking, que le gusta el glifosato, que no hace nada por detener la tala de bosques en el Chocó; le tocó preciso en el tiempo donde asesinan líderes ambientalistas y guardianes de reservas naturales ante la mirada tenue de un Gobierno que no hace nada por frenarlo y, como si fuera poco, le tocó la política pública que apoya la industria extractivista altamente destructiva; con estos antecedentes y, para tristeza de nosotros, quizá era de esperarse la actitud indiferente del Estado y la lenta manera en que reaccionó por salvar un santuario natural como lo es el Sumapaz.

 

Los héroes del páramo

Pero ahí estaban ellos, los de ruana, poncho, sombrero y machete, los que reflejan en sus manos una vida de lucha y trabajo, quienes han sacado este país adelante a lomo de mula y, que a pesar de los malos tratos y el desprecio brindado por una política y una sociedad mal agradecida, siguen demostrándonos con sus admirables acciones que son ellos los verdaderos dueños de este territorio.

Los campesinos fueron los primeros en llegar, y por poco los únicos, a las zonas de los incendios, con mucho empirismo, pero llenos de amor por defender el páramo se adentraron hasta las llamas para evitar que estas avanzaran, pero ¿Qué pasó con los organismos de socorro y el plan de atención, no solo del departamento, sino también de la Presidencia?

Según Alirio Ramírez, líder campesino del Sumapaz y habitante de la vereda Lagunitas, las primeras llamas las identificaron al mediodía del miércoles 5 de febrero, posteriormente, el foco aumentó y los vientos hicieron que se volviera casi incontrolable cerca de las 3:00 p.m. del siguiente día.

“Nosotros hicimos un llamado a los bomberos y a las autoridades ambientales de la zona, sin embargo no recibimos respuesta de manera rápida, por eso decidimos ir y apagar nosotros mismos el incendio”, aseguró Ramírez.

Agregó que en la zona del incendio encontraron vidrios, baterías y bolsas de raciones militares contaminando las fuentes hídricas, algo que se ha vuelto común, según él, en las zonas donde acampa el Ejército.

A esta declaración se le sumó la denuncia que hizo Néstor Alfredo Díaz Benítez, presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de Sumapaz.

“La organización campesina está en la fila de la montaña intentando por nuestros propios conocimientos detener el fuego que se ha originado en tres de las microcuencas de Orinoquía y que amenaza con pasar a la localidad de Sumapaz. Esta localidad ni siquiera cuenta con la sede administrativa de la Alcaldía

Local en su territorio, mucho menos Bomberos o Atención de Desastres o Defensa Civil o capacitación a la población campesina para atender esta emergencia”.

A los campesinos no les cabe duda de que existió negligencia por parte de las instituciones y entes encargados de brindar apoyo y coordinación inmediata para detener la emergencia. Los resultados de la demora administrativa y logística dejan cientos de hectáreas (aún sin establecer de forma precisa) de páramo en cenizas. Hubo daño en pastos bajos y frailejones, vegetación de alta importancia para su ecosistema.

Esta conflagración representa una afectación ambiental de grandes proporciones, debido a que se van a disminuir los caudales para los acueductos, los riegos y el funcionamiento normal del ecosistema, además de que la biomasa del páramo quedó amenazada con el incendio y, en ese sentido, toda la cuenca de la Orinoquía.

Los expertos calculan que la recuperación de los daños causados en el páramo tardará por lo menos unos 30 años.

Hoy los campesinos son los más aplaudidos por su heroica acción, pues es innegable que gracias a ellos la catástrofe ambiental no fue peor, pero lamentablemente en unas semanas volverán al olvido estatal y social, volverán a la muy difícil y mal remunerada tarea del campo, volverán a ser esa Colombia que no tiene acceso a salud, educación, tecnologías y garantías laborales; volverán a ser simplemente esa Colombia en donde la única presencia y muestra del Estado es un avión rociando el veneno del glifosato en sus tierras, ríos y casas; aviones y helicópteros que, por cierto, nunca llegaron a rociar vida en forma de agua para salvar al Sumapaz de las ardientes llamas.

  Webgrafía: http://www.minambiente.gov.co/index.php/component/wordpress/content/article/410-plantilla-bosques-biodiversidad-y-servicios-ecosistematicos-12 https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/cuantos-paramos-existen-en-colombia-298214 https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16509457 https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/incendio-ha-consumido-mas-de-100-hectareas-de-paramo-del-almorzadero-459084 https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/un-ano-de-la-politica-ambiental-de-duque/45254 http://www.redmas.com.co/colombia/voraz-incendio-consume-hectareas-frailejones-pastos-sumapaz/ https://www.contagioradio.com/de-ruana-y-sombrero-campesinos-apagaron-incendio-en-paramo-de-sumapaz/    


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