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Carta abierta a mi madre uribista

Pese a que saben que mi generación será la mejor educada de toda la familia, no creen en nosotros, creen que hemos crecido en tiempos muy buenos, muy “blandos”. 

Por Sebastián Moncada Duque - - 47662 0
Carta abierta a mi madre uribista

Columnista:

Sebastián Moncada Duque

 

Querida madre, no soy capaz de decirte muchas cosas porque siento que no nos entendemos y, a pesar de no tener una mala relación, me es más fácil escribir una carta abierta, aunque probablemente no la leerás, no porque no quieras, sino que yo sé (y no culpo) que tú perteneces a ese gran porcentaje de tu generación que no tuvo acceso al arte y la cultura y, mucho menos, encontraron la pasión en la literatura, gracias a ese entorno en el que fueron criados solo por el hecho de estar en esa burbuja conocida como la Colombia del conflicto. Burbuja salida de ese caldo de condiciones sociales que, a pesar de haberla vivido, no tuvieron ni el tiempo ni los medios de entenderla y crecieron con esa visión percibida.

Pese a que saben que mi generación será la mejor educada de toda la familia, no creen en nosotros, creen que hemos crecido en tiempos muy buenos, muy “blandos” que no somos lo suficientemente fuertes para resistir “el mundo”, pero el problema es que “el mundo” no es como lo conocieron ustedes durante su niñez y su mayoría de edad.

Su mundo se quedó dentro de esa burbuja que nos tomó a los colombianos tanto tiempo romper, para darnos cuenta de cómo es en verdad y que hay cosas que vemos naturales, pero no lo son, no es normal ver un muerto, cada muerto debería escandalizarnos; “que robe, pero que haga”, se debería condenar con severidad cada forma de robo a las arcas públicas sin importar quién o cómo; “los muchachos son los que cuidan el barrio”, no debería existir ese vacío del Estado que da oportunidad a grupos de suplir las obligaciones de este.

Podemos vivir mucho mejor y estos esquemas comúnmente se rompen viajando o leyendo, lo que nos lleva al problema de que tu generación no pudo tener ni las oportunidades de viajar ni las de estudiar apropiadamente.

Madre, como dirías tú, “Dios no quiera” que un día vayas a tener que ir a visitar algún hospital o, peor aún, Medicina Legal, a buscar a alguien que no aparece y que vivas la angustia de no saber dónde está y que ese “alguien” sea yo. Que me encuentren un día en un lugar al que nunca antes había ido, dizque usando un uniforme de alguna guerrilla, y debas comenzar a tratar de desmentir la teoría de que yo soy un “guerrillero” y, tú en tu profundo conocimiento de mí, sepas que no tengo nada que ver con eso, que soy inocente, pero el Estado con sus “pruebas” muestra lo contrario.

Ese día entenderás cuál es el precio de Colombia, el precio que se paga. En tu caso por el silencio, por escoger no hacer nada; y en mi caso por hablar, el pago de la vida, por expresar la realidad del país.

Madre, yo no te culpo por estas cosas, porque alcanzo a entender lo que les sucedió, a ti y a tu generación, pero quiero poner un ejemplo simple para que entiendas mi punto. Imagina que hay dos personas peleando, una tercera observando y luego una cuarta que no estuvo en el hecho.

Si la 4ta persona habla con uno de los involucrados en la pelea, este cargará la historia para su beneficio, quizá el observador ayude a esclarecer un poco los hechos, pero solo con las 3 voces juntas se podrá llegar a tener lo más parecido a la verdad del acontecimiento.

Ahora bien, ustedes creen que porque nosotros no vivimos la guerra en sus puntos más álgidos, entonces no entendemos lo que pasó, pero la verdad es que creo incluso que entendemos más la guerra de lo que ustedes lo han hecho, precisamente, por “no haber vivido” en su totalidad como ustedes.

Como ya dije, mi generación tuvo la oportunidad de estudiar y tuvimos el (lastimosamente) “privilegio” de ir a la universidad y tener el tiempo de pensar, de leer, de ver, de escuchar alguna forma de memoria del conflicto y de distintos puntos de vista (víctimas, grupos guerrilleros, paramilitares, civiles, extranjeros) por eso somos los que hablamos basados en los hechos y evidencias y no en sentimientos y emociones.

Es por eso madre que hoy estamos en las calles, es por eso que estamos dispuestos al sacrificio que implica el Paro Nacional, porque si no lo hacemos, las cosas no van a cambiar y yo sé que esta carta no va a hacer que cambies, pero por lo menos espero que entiendas por qué lo hago y espero que algún día entiendas de verdad.

Por eso te digo a ti, le digo a toda mi familia y a toda Colombia, ¡VIVA EL PARO NACIONAL!


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